Palabras de don Raúl Vera López, Obispo de la Diócesis de Saltillo

Compañeras y compañeros:

Esta noche la situación de dolor, angustia y sufrimiento que vive cada uno, cada una, por su hijo, esposo, hermano, tío, papá desaparecido, ocupó el mensaje central de la palabra que don Raúl Vera López, Obispo de la Diócesis de Saltillo, emitió en la celebración del Pésame a la Virgen María en la Catedral de Saltillo, Coahuila.

Les comparto que fue muy estremecedora para mi la escena de esta noche donde varias mujeres, vestidas de negro en Catedral, cargaron sobre sus hombros la imagen de la Virgen María para llevarla a donde estaba la imagen de Jesús, su Hijo para estar con Él. En esta imagen las vi a ustedes, sentí el dolor que cargan en sus espaldas y no pude sino pensar y sentir que no están solas, que así como se acompañan entre sí y cargan el dolor juntas, así también estamos con ustedes. Con cada una, con cada uno. Por eso, desde donde estamos, desde lo que somos y hacemos, va nuestro respeto, nuestro cariño y nuestro acompañamiento.

Aquí extractos de las palabras de don Raúl:

“No podemos menos que traer a nuestro pensamiento a tantas mujeres que viven en este país, en este estado de Coahuila y que llenas de dolor y sufrimiento ante sus parientes, esposos, hijos desaparecidos, viven el drama diariamente; ahora están, como ella, sufriendo porque no saben de sus hijos; muchas otras vienen desde Centroamérica buscando a sus hijos migrantes; a tantas otras mujeres les han sido masacrados a sus hijos en este cambio de vida tan violento. Vemos a tantas mujeres que llegaron a buscar a sus hijos en las fosas que se han descubierto en varias partes del país; vemos a tantos niños que se han quedado huérfanos por tanta muerte sin sentido… nos duele tanto la muerte de numerosos jóvenes sin que siquiera se siga una mínima investigación; a muchos de ellos primero los desaparecieron y después los encontraron muertos; no podemos dejar de ver los asesinatos de tantas mujeres… ¡cuánta muerte!, ¡cuánta inseguridad!, ¡cuánto dolor!, ¡cuánta angustia!

…Por nuestra parte, no podemos dejar de trabajar para que vuelva la paz al país; tú Madre María, fuiste muy valiente, te metiste entre la multitud para acompañar a tu Hijo; tú, cuando los discípulos estaban amenazados los acompañaste, nunca los dejaste. Recuerdo cuales fueron las palabras que le dijiste a Juan Diego en tu advocación de María de Guadalupe: “Quiero que se me construya una casa para atender a los más pequeños y darles consuelo”. Tú nos has enseñado, como en las bodas de Caná, a interceder por los más pobres, tú nos enseñaste que no estabas ausente en las situaciones que vivimos. El día de hoy necesitamos tu colaboración para que el Rey de la Paz inicie la restauración de Dios en esta Tierra. Esta noche nosotros nos sentimos interpelados por ti al pensar en esas mujeres que están sufriendo mucho. Nosotros estamos obligados a examinar nuestra conciencia para dejar estos grados de abuso que permitimos desde hace mucho.

Sabemos que eres madre del amor, de la misericordia. Te pedimos que intercedas por nosotros ante tu hijo, ayúdanos a movernos, porque en la medida en que nos movamos, a recuperar esta sociedad, a profundizar en nuestra propia conciencia, podremos recuperar nuestra patria.

Con información de:
María Eugenia Arriaga Salomón
Diócesis de Saltillo
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