En Saltillo también queremos paz

Vanguardia

En la Ruta Recreativa la gente miraba con extrañeza el contingente de playeras blancas, se iban reuniendo maestros, escritores, artistas, abogados, niños y jóvenes que atendieron el llamado que lanzó Sicilia

Saltillo.- Miradas de madres que perdieron a sus hijos, padres con lentes de sol que ocultaban sus lágrimas, migrantes con una trágica historia, familias preocupadas por el futuro de sus hijos, víctimas y ciudadanos hartos se unieron este domingo en Saltillo a la Marcha por la Paz.

Las personas salieron de sus casa este domingo, para plantarse frente al Instituto Tecnológico de Saltillo y, en silencio, exigir un alto a la violencia, a las desapariciones, a la muertes.

Mientras en la Ruta Recreativa la gente miraba con extrañeza el contingente de playeras blancas, se iban reuniendo maestros, escritores, artistas, abogados, niños y jóvenes que se unieron a las decenas de marchas que atendieron el llamado de “Estamos hasta la madre” que lanzó el escritor Javier Sicilia y comenzó a despertar a un país.

Antes de comenzar, Fray Raúl Vera López tomó el micrófono para compartir con los asistentes un pronunciamiento en el que hablo de conseguir la paz, “la paz se ha perdido por la decisión que existe en nuestras instituciones penetradas por la corrupción de sus integrantes”.

Dijo además que se ha perdido la vocación política de quienes están en la función pública “la paz se ha perdido porque el sistema político se ha perdido porque el sistema política se ha puesto al servicio de un sistema económico voraz que crea personas ansiosas de lucro”, dijo el Obispo de Saltillo.

“No (buscamos) la paz de los sepulcros ni de los muertos, de los enmudecidos por el terror y el miedo, no, esa no es la paz que queremos. La paz que buscamos se construye diariamente con la eficacia de nuestras instituciones, mismas que deben garantizar justicia y dignidad para todos los pobladores de esta tierra”.

Grito silencioso

Y poco después de las 10, el contingente inició su marcha. Hubo representantes de distintas organizaciones civiles como Fuerzas Unidas por Nuestros Desaparecidos, Alianza Cívica, Consejo Ciudadano Permanente, Alianza Cívica, Centro Diocesano para los Derechos Humanos Fray Juan de Larios, Belén: Posada del Migrante, Frontera con Justicia, Humanidad sin Fronteras, Casa Tiyahui, pero sobre todo ciudadanos que ya no quieren más violencia.

Encabezado por el Obispo Raúl Vera, la marcha avanzó en silencio. Detrás de las gafas de sol, muchos de los de los asistentes ocultaban sus historias, aquél tiene un familiar secuestrado, otros han perdido hijos, hermanos, esposos, alguien más fue extorsionado y otros no quieren que eso les pase.

Avanzando también van lonas y carteles con gritos silenciosos: “Alto a la violencia, no más sufrimiento al pueblo”, “No más secuestros ni muertes a migrantes”, “Por amor a los vivos y a los muertos, unámonos”, “También en Saltillo estamos hasta la madre” y playeras con “Vivos se los llevaron, vivos los queremos”, “Soy paz”.

En la Comisión de los Derechos Humanos la marcha se detuvo por primera vez para escuchar el testimonio de un migrante que fue secuestrado y torturado en Reynosa, Tamaulipas, junto con otros 85 indocumentados entre los que se encontraban niños y mujeres embarazadas. Después con más pesar la marcha prosiguió.

A los alrededores la poca gente que ese domingo acudió a la ruta recreativa miraban el contingente, otros (unos cuantos) decidieron mejor unirse. Otra parada en Presidente Cárdenas para escuchar el testimonio de una madre cuyo hijo, esposo y cuñados están desaparecidos, “Mi hija y yo los estamos esperando (…) Ya basta de vivir esto que no pedimos, que no deseamos” .

Rodolfo Montelongo habló por los pandilleros y pandilleras que son obligados a trabajar con la delincuencia organizada, amenazados de muerte y, sí, también asesinados. “Los políticos han empedrado nuestras calles de muertos… la sociedad tiene que unirse una y otra vez”.

Y finalmente habló otro padre “Hace dos años mataron a mi hijo…”. Era actor, otro de esos “daños colaterales”, fue asesinado en Chihuahua sin motivo, “ahora cómo voy a proteger a mis otros hijos –se pregunta el padre– están acabando con nuestros jóvenes”.

La fila avanzó –abatida por los testimonios- hasta la Plaza de Armas y ahí rompieron el silencio “No más sangre”, “No más sangre”, “No más sangre” y al grito de “Vivos se los llevaron, vivos los queremos” se instalaron frente al Palacio del gobierno del Estado, mientras en el Distrito Federal la marcha encabezada por Sicilia se acercaba al Zócalo capitalino.

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