Hartazgo toca fondo

La Marcha Nacional por la Paz con Justicia y Dignidad tuvo eco en 29 ciudades de México y 17 del extranjero.

Las marchas contra la “guerra” del Gobierno Federal no sólo son más constantes sino que cada vez se suman diversos sectores de la población. La última, organizada por el poeta Javier Sicilia, incluyó la participación de la UNAM. Desde la Máxima Casa de Estudios la voz fue colectiva: “Estamos hasta la madre” y “No más sangre”, corearon los mexicanos. El doctor José Manuel Valenzuela denunció desde Tijuana: “Se toca fondo cuando observas un país con 40 mil muertos”. Sin embargo, el Presidente Calderón sigue sin escuchar lo que el país le reclama.

Enrique Mendoza Hernández

Luis Alonso Pérez

Las manifestaciones de repudio a la “guerra” del Presidente Felipe Calderón contra el crimen organizado ya no son propias de un grupo social específico. Tal como sucedió en la “Marcha Nacional por la Paz con Justicia y Dignidad” convocada por el poeta Javier Sicilia, el claro hartazgo congregó a diversos sectores de la población.

Y lo que más debería poner al Gobierno a reflexionar es la protesta que integró la voz de los intelectuales que de seguro llevarán a otro nivel la reflexión sobre el sangriento país en el que se sobrevive. El cuestionamiento ni siquiera requirió palabras, sólo los acordes del Réquiem de Mozart interpretado por la Orquesta de la Escuela Nacional de Música en una velada que tuvo como escenario la UNAM, donde los marchistas pudieron descansar un rato, comer algo y seguir hablando de un movimiento sin precedente, en donde también se sumó la poesía de David Huerta, amigo de Sicilia, compañero de palabras, versos, de llanto. La imagen de dolor que compartieron en un abrazo ya no parecía ser por la pérdida de un hijo, sino por la pérdida de una nación que el Estado mexicano –o lo que queda de él– ya no ve. Ahí están las poderosas fotografías que dejaron el justo testimonio.

“Soy una voz moral y tengo que hacerlo por mis convicciones morales. La gente me lo pidió y tengo que dar la cara por mi hijo”, diría Sicilia al diario colombiano El Tiempo días después de la procesión que culminó el domingo en el Zócalo de la capital mexicana y que tuvo su origen en el homicidio del joven Juan Francisco, hijo del agraviado poeta que claramente ahora no está solo.

Desde el jueves 5 de mayo en Cuernavaca hasta el 8 del mismo mes en el Distrito Federal, acudieron a la convocatoria del poeta Sicilia los familiares de los niños que fallecieron en la tragedia de la Guardería ABC de Hermosillo, los padres de los jóvenes acribillados en Villas de Salvarcar, escritores, académicos, parientes de desaparecidos, viudas, familias incompletas ante la falta de un secuestrado, activistas sociales, campesinos, amas de casa, grupos étnicos, estudiantes, líderes de Organizaciones No Gubernamentales, hasta los sindicalistas del SME.

La lista no tiene fin, basta decir que detrás de cada manifestante indudablemente había una historia que lamentar en donde el gobierno que preside Calderón flagrantemente falló.

Las mantas y pancartas también fueron un reflejo del sentir de los mexicanos: “Estamos hasta la madre”. Otras pintas también fueron contundentes: “Alto a la guerra”, “Fuera Calderón”, “Paz con justicia y dignidad”, “Basta”, “No más sangre”, “Alto a la guerra de Calderón”, “¿Dónde están nuestros hijos?”, “Alto a la militarización”, “Ni un muert@ más”, “Regrésenme a mi familia”, “Sólo busco un sueño: No me secuestres”, “¿Dónde están los desaparecidos de Coahuila?”.

Durante su discurso Javier Sicilia fue claro: Tajantemente pidió la renuncia del Secretario de Seguridad Pública, Genaro García Luna como una muestra de que el Presidente “sí nos oyó”.

También exigió: “No aceptaremos más una elección si antes los partidos políticos no limpian sus filas de esos que, enmascarados en la legalidad, están coludidos con el crimen y tienen al Estado maniatado”.

Y luego argumentó: “Sin una limpieza honorable de sus filas y un compromiso total con la ética política, los ciudadanos tendremos que preguntarnos en las próximas elecciones por qué cártel y por qué poder fáctico tendremos que votar”.

Escenas, pues, de una protesta no sólo sentida, sino también pensada. Ésa es la diferencia porque tiende a perdurar no sólo en la conciencia de los participantes, sino en todos los mexicanos que desde las calles, en sus ciudades, o tal vez a través de la cobertura periodística, atestiguaron escenas estremecedoras como los encuentros que Sicilia tuvo con la gente que se le acercó a compartir con él la anécdota de una injusticia más en un país gobernado por la ineficacia, la corrupción y la indiferencia.

“En Tijuana también estamos hasta la madre”

La prueba de que la protesta encabezada por Javier Sicilia tiende a crecer es que tuvo eco en al menos 29 ciudades del país y 17 puntos en el extranjero. De hecho, en esta ciudad participaron alrededor de 300 personas en una reunión que tuvo como escenario la glorieta de “Las Tijeras” de Zona Río.

Ahí se dieron cita artistas plásticos, activistas, investigadores y defensores de los derechos humanos, así como víctimas del delito, sobre todo familiares de personas desaparecidas que pidieron la intervención de las autoridades federales en el esclarecimiento de los casos de sus seres queridos.

“En Tijuana también estamos hasta la madre”, reiteró un manifestante que había tomado el micrófono para expresar su hartazgo.

“Éste es el síntoma de un descontento generalizado en el país que se refleja en las numerosas manifestaciones que hay en diferentes partes de México y otros países”, sostuvo Víctor Clark Alfaro, director del Centro Binacional de Derechos Humanos.

“Es el hartazgo de la sociedad, no sólo de la violencia que se desarrolla en el país provocada por una estrategia militar fallida, sino de todo lo que se ha ido acumulando en términos de corrupción, de impunidad y de una clase política desprestigiada”, complementó Clark, antropólogo y catedrático de la Universidad Estatal de San Diego.

Lo que más llama su atención es que en la actualidad existe la percepción de que Tijuana es una ciudad muy segura siendo que el año pasado se registraron 812 ejecuciones: “Hoy dicen que Tijuana está pacificada –continuó Clark–, pero eso tiene un sentido de clase social porque está pacificada en la parte que estamos ahorita, la parte moderna de la ciudad donde la élite tiene sus zonas de residencia, sus oficinas y sus negocios, aquí ya no se dan las ejecuciones escandalosas que veíamos en el pasado, pero en las colonias de la periferia donde vive la mayor parte de la población es donde hasta el año pasado habían desaparecido la mayoría de los ejecutados.

“Estamos aquí para manifestar el hartazgo de la impunidad que existe aquí en Baja California y que alrededor de 300 personas desaparecidas desde 2007 no ha habido ninguna solución, ningún tipo de investigación, el manto de la impunidad cubre al Estado de Baja California. Los gobernantes hacen oídos sordos, los políticos hacen oídos sordos, todo mundo dentro del gobierno está sordo, pero nosotros no”, reclamó Fernando Ocegueda Flores, secretario general de la Asociación Ciudadana Contra la Impunidad.

“Como ciudadanos exigimos que se nos den resultados en materia de investigación y creo que todos unidos podemos exigir que por fin haya justicia”, agregó Ocegueda.

Algunos de los manifestantes también exigieron la renuncia del Presidente Felipe Calderón y del Secretario de Seguridad Pública Federal, Genaro García Luna, e incluso otros plantearon la legalización de las drogas como una alternativa pacífica al combate al crimen organizado. Sin embargo para el Doctor José Manuel Valenzuela el asunto de fondo no son los productos prohibidos, es el marco mediante el cual se pretende una prohibición equivocada: “El licor fue ilegal, la caña de azúcar también, hasta el té fue en algún momento considerado ilegal. El problema es que por décadas hubo complicidad del sector gobierno en su trasiego”.

Para el investigador lo que ahora estamos viviendo es una situación muy clara donde hay una doble visión del problema, “sobre todo desde Estados Unidos, donde existen más de 35 millones de consumidores de drogas, en México no llegamos ni a un 5.7 por ciento que siquiera han probado en una ocasión las drogas.

“El problema de México es cuando se asume un papel de control y de contención frente a las estrategias que se imponen desde Estados Unidos, pero que se hace dentro de un marco de profunda corrupción e impunidad y los grandes perdedores seguimos siendo los ciudadanos”, concluyó.

Los testimonios de impunidad

Cada manifestante en las marchas es un testimonio que refleja el clima de impunidad que prevalece en México.

Por ejemplo, en la “Marcha Nacional por la Paz con Justicia y Dignidad” llevada a cabo en Tijuana se encontraba el señor Jesús Adolfo Flores, mismo que portaba una gigantesca pancarta con la foto de su sobrino que murió durante el incendio de la Guardería ABC de Hermosillo, Sonora:

“Esto es el resultado de la guerra psicótica de Calderón, también de la corrupción dentro de todos los órdenes de gobierno, es importante que nos manifestemos todos los ciudadanos. Queremos decirle a Calderón que ya estamos hartos de este clima de inseguridad a todo lo que da, el crimen organizado. Es importante que el gobierno se ponga las pilas”, expresó a ZETA Jesús Adolfo Flores.

Silenciosa, muy triste pero con la esperanza de que aparezca su hijo, doña Adriana Moreno también asistió a la manifestación de Tijuana. Portaba una gran pancarta con la imagen de su hijo Víctor Adrián Rodríguez Moreno, mismo que desapareció el 11 de mayo de 2009 junto a otras dos personas en Francisco I. Madero, estado de Coahuila. Integrante de la organización civil “Fuerzas Unidas por Nuestros Desaparecidos” en Coahuila, la señora cuenta a ZETA que antes no se manifestaba sino hasta que vivió en carne propia la impunidad: la desaparición de su vástago:

“Nosotros nada más veíamos las desgracias y pasaban por un lado, decíamos: ‘Ay, pues qué triste’. Pero en sí, no nos unimos como ahorita, no nos tomamos el tiempo para apoyar una manifestación o para estar apoyando una asociación. Desgraciadamente sí pasa así, desgraciadamente hasta cuando nos ocurre es cuando lamentablemente estamos en esto (en una manifestación)”, contó a este Semanario doña Adriana Moreno mientras repartía un díptico que rezaba: “No pararemos, hasta encontrarlos y encontrarlas”.

Otra señora, María Guadalupe Barraza, llevaba un plástico enorme con la foto de Fabián Pérez Barraza, de 25 años, mismo que desapareció el 11 de junio de 2008 en Tijuana. La madre del extraviado cuenta a este Semanario que le está pasando igual que a la señora Marisol Escobedo, que ella misma se puso a investigar el asesinato de su hija Rubí en Ciudad Juárez cuando la Procuraduría General de Justicia de Chihuahua no investigaba aun cuando era la fiscalía “investigadora”.

Doña María Guadalupe Barraza confesó lo que le dicen en el Centro para la Atención de Personas Extraviadas o Ausentes (CAPEA) coordinada por Miguel Ángel Guerrero y que depende de la Procuraduría General de Justicia del Estado de Baja California:

“Cuando yo me arrimo a las oficinas, lo primero que me dicen es que qué información llevo, en lugar que ellos me digan. Tengo ganas que ellos me digan: ‘Señora, la investigación ya lleva un avance’, pero en lugar que me digan ellos eso, ellos me preguntan que a qué voy, que qué llevo, que si llevo alguna información. Estamos al revés, estamos volteados con CAPEA”.

Doña María Guadalupe Barraza denunció a la PGJE que lidera Rommel Moreno Manjarrez:

“Fueron cuatro veces que se perdieron los expedientes (de su hijo), cuando yo volvía ya no lo encontraban, y así fue pasando el tiempo, nos volvían a tomar declaraciones. Y cuando volvía, la gente que llevaba el caso ya no se encontraba”.

La señora Barraza afirmó lapidariamente: “A Miguel Ángel Guerrero no le interesa el caso de los desaparecidos y Fermín Gómez (subprocurador) nos da puras promesas”.

Valenzuela Arce: “Se ha tocado fondo”

Entre las señoras que han perdido a sus familiares y parientes de los niños que murieron en la Guardería ABC, también había en la marcha de Tijuana algunas personas de la comunidad artística y cultural como Víctor Soto Ferrel, Christian Zúñiga, Alma Delia Martínez, Sergio Brown, entre otros. También se encontraba el doctor José Manuel Valenzuela Arce.

“Estamos frente a una convocatoria que logra conjuntar diferentes formas de la cual la gente ha enfrentado el dolor, el hartazgo, el miedo, la inseguridad”, explicó a ZETA el investigador Valenzuela Arce y luego argumentó que en México “se ha tocado fondo”:

“El llamado que hace Javier Sicilia sí nos coloca frente a un escenario en el cual un sector muy amplio de la sociedad mexicana sí siente que se ha tocado fondo. Se toca fondo cuando pierdes a una persona entrañable. Se toca fondo cuando expropian tus espacios de libertad. Se toca fondo cuando observas un país con 40 mil muertos. Se toca fondo cuando observas el incremento de la desigualdad en la distribución de la riqueza. Se toca fondo cuando más de medio millón de mexicanos se tienen que ir cada año porque no encuentran aquí las condiciones para generar un proyecto viable de vida. Se toca fondo cuando no puedes salir a los espacios públicos porque campea el levantón, el miedo, el cobro de piso, la extorsión, la prepotencia que se va apropiando y va proscribiendo el uso de los espacios”.

El reconocido investigador remató: “Lo que estamos viviendo es una condición de adulteración del estado”.

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