La voz de los movimientos sociales

El UniversalSilvia Gómez Tagle

Esta semana México se ha visto poblado de múltiples expresiones sociales de carácter colectivo; a todos se les llama igual “movimientos”, pero vale la pena distinguir unos de otros, los que surgen de la sociedad y los que son impulsados y hasta creados artificialmente por políticos en busca de candidaturas, como el gobernador de Jalisco, Emilio González.

Pero si revisamos los periódicos más que los medios electrónicos, la cantidad de expresiones colectivas de protesta, de solidaridad, las demandas por recuperar espacios urbanos o tierras comunales, que surgen realmente de la sociedad, es inmensa en todo el país y en todos los ámbitos, pero se trata de grupos dispersos que no logran conectase entre sí a pesar de sus afinidades evidentes, y por lo mismo su presencia en el espacio público generalmente se pierde muy pronto. La Caravana por la Paz con Justicia y Dignidad que encabeza el poeta Javier Sicilia ofrece ese espacio de encuentro.

En todo este universo de movilizaciones parece que predominan dos ejes problemáticos: uno es el de la desigualdad y la pobreza, y el otro el de la inseguridad y la impunidad. Ambos se tocan porque los más vulnerables a la violencia desatada por la guerra contra el “crimen organizado” son los más pobres, como ha quedado en claro también en el trayecto de esta caravana. Pero para esta gran cruzada que ha emprendido Sicilia, en la que convergen un gran número de organizaciones pequeñas, casi formadas por familiares de las víctimas, tanto como de grupos más amplios con representatividad de comunidades y sectores sociales cuyos derechos humanos han sido atropellados por las bandas del crimen organizado, pero también en otros casos por las Fuerzas Armadas federales o el Ejército, el problema central está en la violencia y la impunidad.

El recorrido de la Caravana por la Paz ha venido recuperando la memoria de innumerables hechos ocurridos con anterioridad que nunca recibieron la atención de las autoridades: en Durango, 228 asesinatos no resueltos; en Coahuila, 180 personas desaparecidas y tres periodistas asesinados en los últimos años; en Zacatecas, en San Luis Potosí, en Nuevo León, la población ha vencido el miedo para salir al encuentro de la marcha. Pero también en muchas otras entidades, la violencia no se detiene: Morelia, 21 cuerpos hallados en las calle; la comunidad de Cherán se mantiene en lucha contra la narcotala de sus bosques sin que las autoridades federales o estatales les proporcionen apoyo real. La lista sería interminable, pero las huellas de la movilización ciudadana están ahí; la gran importancia de la caravana ha sido darles voz a los que se han atravesado en su camino, tanto como a los que han venido de lejos a unirse al movimiento porque han encontrado en el discurso de Sicilia elementos que los identifican.

La respuesta que ha encontrado la caravana a su paso por las entidades del norte del país corresponde a las percepciones de los ciudadanos expresadas en las encuestas, inclusive de instituciones oficiales como el INEGI. El 58% de la población percibe la inseguridad como el peor problema que afecta su bienestar; esta percepción es más negativa que en 2010, y la mayoría de los entrevistados tiene la expectativa que la situación sea aun peor en 2012 (Encuesta Continua sobre Seguridad Pública).

El poeta no ha generado el movimiento, porque los líderes sociales no tienen los recursos ni la ambición de conquistar el poder político para organizar un movimiento, pero sobre todo porque los movimientos sociales no se organizan, éstos surgen de inquietudes latentes en la sociedad en coyunturas propicias; así también desaparecen sin mayor explicación, pero dejan una huella muy importante en la sociedad y en la política. La magia de su discurso radica en haber construido las metáforas que expresan lo que muchos sienten, la angustia, la frustración y la necesidad de consuelo que puede encontrarse en una acción colectiva con repercusión en el espacio público, una acción que permita a los deudos de los asesinados y a los familiares de los desaparecidos demostrar que el drama de su vida personal no ha sido en vano y que les proporcione una esperanza de redención.

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