Si yo fuera Gobernador

Vanguardia

Solucionar problemas requiere primero voluntad y enseguida propuestas, los coahuilenses rebosan de estas condiciones y Semanario les da voz para que las hagan oír

Saltillo, Coahuila. Una silla, una bandera y una larga travesía por las ciudades más importantes del Estado en busca de rostros, se las ideas, de las propuestas, pero también de los reclamos en las voces de los distintos actores sociales de Coahuila.

¿Qué haría si fuera Gobernador? Una pregunta que recorrió más de mil kilómetros de carreteras hasta el pocito de carbón de Agujita, el campamento de las viudas de Pasta de Conchos, un campo de chile en Allende, el Parque Infantil “Niños Héroes” de Monclova, la brava colonia Zacatecas de Torreón y los márgenes del Río Bravo, en Piedras Negras.

Un ejercicio ciudadano que resultó en una serie de historias al límite, como la de Luciana, la niña gobernadora que acabaría con la violencia en Torreón, o la del carbonero que daría todo por sus compañeros muertos en los pocitos, o la de María, que trabajaría por encontrar a los desaparecidos de Coahuila y la de la viuda que rescataría a los caídos en la Mina 8.

¿Y usted?, ¿qué haría si fuera Gobernador? Un grito, una diatriba en contra de las autoridades, un reproche a la incapacidad del Gobierno para resolver las necesidades elementales de la población.

“Yo apoyaría el deporte”, “Yo vería por los estudiantes pobres”, “daría más empleo”, “llevaría agua y tractores al campo”, “no me involucraría con ‘esa gente’”, claman los coahuilenses…

Y el nuevo Gobernador….¿qué hará?

Díalogo con el hijo ausente

Plegarias por los que no están

En la casa de María, una de las madres de las 185 personas desaparecidas que, según las últimas cifras de la organización Fuerzas Unidas por Nuestros Desaparecidos en Coahuila (Fuundec) hay en todo el estado, se respira angustia y dolor.

“Y es tanto, que nuestros sentimientos hacia el Gobierno no son buenos, es decir que no tenemos una buena imagen de él”, dice parada junto a su hijo Hugo, al que sólo ve en fotografías desde el día que salió de casa para no volver más. “Entonces no sé si les sirva lo que les pueda decir”, prosigue. Su decepción de las autoridades es tal, que sólo hablará de lo que no haría si fuera la jefa del estado.

“No me involucraría ‘con esa gente’. Pienso que el poder no está en traer mucho Ejército, todos los policías, sino en evitar la corrupción. A lo mejor los policías no son corruptos nomás porque ellos quieren, sino porque su jefe es corrupto y el jefe de la Policía es corrupto, porque el siguiente jefe es corrupto. Primero que nada es no ser corruptos y no prestarnos para ese tipo de situaciones, (y) trabajar honradamente”.

Su único sueño, por el momento, es encontrar a su hijo, y hoy no tiene cabeza más que para pensar en la audiencia que las madres de los desaparecidos de Coahuila tendrán a mediados de este mes con la procuradora Marisela Morales y el secretario de Gobernación, José Francisco Blake Mora.

”Pero si fuera Gobernadora lo primero sería brindarle a la gente oportunidades para trabajar. Desgraciadamente hay muchas personas mayores de 35 años que tienen la necesidad de trabajar y no les dan trabajo”.

–¿De quiénes se rodearía usted siendo Gobernadora?– “De gente dispuesta a trabajar y a trabajar por el pueblo, no para su benefi cio, tampoco se trata de que ‘porque tuve compromiso con todo mundo, tengo que darle un puesto a todo mundo’. El que esté capacitado que trabaje. No porque seas el hijo de mi mejor amigo o la hija de mi comadre o porque anda detrás de mí esa lideresa…”.

Por lo pronto le gustaría que el flamante Gobernador de Coahuila tocara un día a la puerta de su casa en Torreón y le dijera: “María aquí está tu hijo”.

– ¿Qué haría por las madres de los desaparecidos?– “Yo por esas madres… haría que tuvieran confi anza y dijeran ‘sí están trabajando por encontrar a esos hijos, por localizar a esas personas que están extraviadas’”, dice María como pensando en voz alta y su mirada vidriosa refl eja un consuelo pasajero.

Sueños de infancia

Por un Torreón Tranquilo

Es el corazón de la colonia Zacatecas en Torreón, Coahuila, uno de los sectores más calientes de la ciudad, y no precisamente por las temperaturas que se han registrado con la llegada del verano.

Las lluvias de balazos que han caído por aquí, han provocado que algunas familias abandonen sus casas para buscar refugio en zonas más “tranquilas” de la Laguna.

Es de entre esas viviendas vacías de la Zacatecas que asoma el rostro de Luciana Ramírez Cárdenas, 11 años de edad y estudiante de sexto grado de Primaria en la Escuela “Alfonso Rodríguez”.

Ella, como la mayoría de los niños que habitan este lugar, sabe del horror que produce el escuchar las ametralladoras escupiendo muerte por las calles y ha visto detrás de la cortina de la ventana de su casa, cómo el barrio se va quedando solo, nada más dan las 6:00 de la tarde. Por eso “si yo fuera Gobernadora”, promete, lo primero que haría es traer seguridad aquí.

“Y a todas las calles. Pondría policías vigilando día y noche, para que atrapen a los maleantes. Haría que en el Estado de Coahuila no hubiera tanta violencia como ahorita y que ¡aaaay! – suspira Luciana – atrapen a todos los malos para que no haya tanta inseguridad”. – ¿Qué sientes de vivir aquí? “Me da miedo que me puedan dar un balazo a mí o mi familia”.

– ¿Cómo cambiarías las cosas?–

“No contrataría policías corruptos, porque eso provocaría más inseguridad y las personas no confi arían en la autoridad”. Pero hay algo más que a Luciana le duele, y es ver que en muchas colonias como la suya, donde el Gobierno ha presumido “cero marginación”, muchos niños son sacados de la escuela y llevados a trabajar a las calles peligrosas de Torreón:

“Ayudaría a los pobres, un niño debe de terminar su Primaria, su Secundaria, todos sus estudios para lograr ser alguien en la vida”.

La tarea de una Gobernadora como Luciana, que a sus 11 años ha vivido tanto, no para ahí, y es que aún falta por hacer en cuestión de medio ambiente, atención a las personas de la tercera edad, las mujeres y los discapacitados: “No los discriminaría, haría que hubiera camiones adaptados para sillas de ruedas y que pudieran transportarlos a donde fuera”.

De pronto Luciana vuelve a su realidad, se mira sentada en la silla ejecutiva, custodiada por el lábaro patrio, y cae en la cuenta de que ha atardecido: en la Zacatecas es hora ya de atrincherarse en casa.

Aprendiendo de las tragedias

Que nada quede inconcluso

Quién iba a decir que a un año de que la creciente del río Álamo inundara la colonia La Rovirosa de Nueva Rosita, Melesio Vallejo Bocanegra, proveniente de una de las familias fundadoras de este sector, estaría sentado en la silla ejecutiva y delante de una bandera nacional, “arreglando” los asuntos pendientes del estado.

Aquí, desde una de las calles trazadas a la orilla del río y donde las viviendas en ruinas lucen como un claro reproche a las promesas incumplidas del anterior gobierno de Coahuila, está Melesio pensando. “Si yo fuera Gobernador continuaría con el trabajo empezado por el profesor Humberto Moreira, todavía falta mucho para poder reconstruir o reubicarnos, tal y como nos lo prometió el antiguo Gobernador”, apunta Melesio.

Y como no, si aquí nació, creció y formó su familia, pero sobre todo ha sido testigo de las memorables crecientes que han escrito sobre la tierra capítulos negros en la historia de La Rovirosa.

“Trataría de terminar el trabajo que dejó empezado mi antecesor…”, reitera Melesio.

–¿O sea que no cumplió el exgobernador Moreira y usted sí va a cumplir?”– “Se quedó inconcluso por motivos de tiempo, no porque no haya querido, sino simplemente porque a él se le termina su periodo…”, se excusa, pero reconoce, con todo y eso, que La Rovirosa sigue siendo asignatura pendiente.

Y de ser el Gobernador, Melesio, bajo juramento de decir verdad, promete que reubicaría a toda su gente de la colonia, para evitar una tragedia como la de julio de 2010.

“Estamos casi en el centro del río y siempre que haya un huracán vamos a salir corriendo”, vaticina. Este sería sólo el principio de un programa gubernamental que – ofrece Melesio – intentará atacar las muchas carencias que existen por todo el estado.

“Mejoraría la calidad de vida de todos los coahuilenses, porque donde quiera existen rezagos”, dice el “gobernador” Melesio Vallejo, y tira una mirada al río Álamo que hoy, como el año pasado, no suena.

Las voces de los muertos

Pocitos: tragedia y soluciones

Las encontramos una mañana estival a las afueras de la Mina 8 de Pasta de Conchos, guareciéndose del sol bajo una construcción de madera y estructura de fi erro, que antes no estaba y hace algunos meses les mandó edifi car el Sindicato Minero y la organización comunista “La Otra Obrera”.

Eran cuatro de las 65 viudas de los mineros caídos en la explosión de febrero de 2006. El lugar lucía desolado y esta vez ninguna patrulla de la Policía Estatal vigilaba al grupo de mujeres, como ocurrió hace más de un año tras el anuncio de que la mina sería sellada.

“De veras que Moreira se vendió bien gacho con la empresa”, estalló Tomasita Martínez Almaguer, la esposa del minero Reyes Cuevas Silva y sin mucho pensarlo se colocó en la silla, mientras sus compañeras Elizabeth Castillo y Guadalupe Díaz sostenían la enseña.

“Yo si fuera la Gobernadora empezaría con el rescate de Pasta de Conchos”, dijo sin titubear.

–¿Por qué?–

“Porque está mi marido ahí, y los maridos de mis compañeras, y creo que no son animales para dejarlos ahí”, señaló Tomasita.

Pero además –advirtió– porque el movimiento Pasta de Conchos aún está vivo, la mayoría de las viudas y sus hijos vienen a montar guardia al campamento a distintas horas y días de la semana y el Día del Padre de plano todas se dejaron ir.

–¿Qué haría por los huérfanos que han dejado las tragedias en las minas y pocitos de la región?– “Apoyarlos, ayudarlos, ver que esos pocitos tengan seguridad, porque por eso pasó lo que pasó en Pasta de Conchos… Dicen que quieren cerrarlos, pero mucha gente de eso vive, como vivíamos nosotras cuando ellos (sus maridos), trabajaban en las minas, de ahí se mantenía la familia, teníamos hijos estudiando. Yo si fuera Gobernadora me iría por la seguridad en los pocitos”.

Sobre todo porque la explosión en el Pocito Tres de Sabinas volvió a abrir la herida de Pasta de Conchos.

“Nosotros entendimos lo que esas mujeres estaban pasando, porque lo vivimos en carne propia”.

Y por eso si ella fuera Gobernadora:

“Abriría fuentes de trabajo para tantas viudas de Rosita, para que siguieran adelante, porque tienen familias, hay muchas viudas que tienen niños chiquitos”, dijo la mujer para luego de dejar la silla, volver a su sitio en el campamento, donde parece que la lucha ha revivido.

Apoyos, apoyos y más apoyos

Desde Piedras Negras

“Ahí nomás que sea en la sombrita, porque no me quiero quemar”, la que habla es Elvira Margarita Luna Zacamitzín, originaria de Sabinas, Coahuila y a quien captamos a su regreso del “otro lado” por el Puente Internacional Piedras Negras 1.

La entrevista transcurre a espaldas del Río Bravo y de frente a viento veraniego que pica el rostro como enjambre de alfi leres volando.

“Yo como Gobernadora y como mujer, me abocaría por los estudiantes. Siendo estudiante conocí a compañeros que estudiaban y trabajaban, algunos ya estaban casados, y es complicado realizar ambas cosas. Como sabemos, cualquier estudio es muy costoso”, dice Elvira quien recién se graduó como Contador Público Auditor y ahora ayuda a su mamá comerciante.

– A propósito de la Frontera, ¿qué haría por los migrantes? “Lo que se necesitan, son albergues, porque muchas veces ellos vienen sin conocer a nadie, no tienen recursos, ninguna ayuda. Muchos se van por el sueño americano y creen que lo van a realizar en Estados Unidos, yo creo que en México también se podría, es cuestión de crear más empleos para la gente…”.

Al fondo y junto a los puestos de boleros apiñados rumbo a la entrada del Puente, se ve charlando de política a un grupo de hombres canosos y ajado rostro, que de vez en vez echan un vistazo riendo al equipo de producción de SEMANARIO.

–¿Por los ancianos que harías?–

“Sería importante darles una aportación mensual, ayudarlos con medicamento, sabemos que son personas de tercera edad, creo que sería importante darles un apoyo tanto económico como de salud, abrir comedores para ellos, darles ayuda psicológica, porque muchos son maltratados y rechazados en sus familias, por su edad…”.

–Coahuila ocupa el cuarto lugar en embarazos adolescentes, ¿qué harías por este sector?– “Crear instituciones que orienten a estas personas, apoyar a estas mujeres para que pudieran trabajar y estudiar, instalar guarderías, cuidadas por ellas mismas y en donde ganaran un salario…”, dice Elvira.

Y parece que su propuesta dista mucho de la que minutos antes dieron los hombres maduros que charlan de política junto a la entrada del Puente y que en todo momento declinaron venir a la silla para externar sus ideas.

Sólo uno de ellos se atrevió a decir en cortito sobre las madres soletas:

“¿Si fuera el Gobernador?, les bajaría las hormonas…”.

Bromas y desencantos

Allende y su culto al chile

El sol cae a plomo sobre los verdes y tupidos campos de chile de una empresa privada en Allende, Coahuila. Es la hora de lonchar para las decenas de jornaleros que laboran aquí soportando el polvo y el calor desde que nace el día y hasta el anochecer.

Esta vez la silla y la bandera tricolor se han instalado a espaldas del prado donde se ve a unos peones haciendo labranza. Hasta ahora no habido nadie que se haya animado a participar de este ejercicio ciudadano, que ha viajado durante dos días por las ciudades más importantes del estado, preguntando: ¿Qué haría usted si fuera el Gobernador de Coahuila?:

“Abriría más cantinas”, dice riendo uno de los campesinos. “Me robaría toda la lana”, dice otro y todos se carcajean, “¿eso es lo que hacen los políticos, no?”, revira el hombre, pero nadie –dicho sea sin doble intención– ha osado sentarse en la grande.

A no ser por Cristian Eduardo Castro Luévano, a quien apodan “Termo”, un mocetón de 17 años, que a más de trabajar como jornalero en estos campos, estudia Mantenimiento en el Cecytec de Allende.

“Ándale, este sí tiene estudio”, dice un muchacho de tez blanca y alto de estatura que parece ser el capataz de la finca. –¿A ver Cristian, qué harías si fueras el Gobernador?– “Pondría unas banquías y unos arbolíos en la escuela”.

–¿Por Allende qué harías?–

“Que hubiera trabajo, fábricas”.

–¿Fábricas de qué?–

“No sé, de ropa”.

Y es que a la gente de Allende, platica unos de los mandamases de este campo agrícola, no les gusta jalar en lo del chile, dicho sea, otra vez, en el sentido amable de la frase.

Acá Cristian continúa con su discurso: Pa’ los viejitos, asilos; pa’ las madres solteras, guarderías; pavimento pa’ las calles, botes de basura, en fin….

–¿Y para el campo?–

“Traer unos avancíos… tractores, agua, no sé”, de repente a Termo se le han fugado las ideas y sólo lo salva que ha terminado ya la hora de comida. Más tarde se le ve trabajando en el prado, igual que los casi un millón de niños que trabajan en los campos de México.

Impulsado al deporte

El músculo del estado

Justo al final del entrenamiento en el Parque Infantil “Niños Héroes” de Monclova entrevistamos otra tarde a Luis Ángel Garza Cadena, un estudiante de 14 años que ha encontrado en la práctica del béisbol su pasión más grande, tanto que si él fuera Gobernador confiesa…

“Le daría más importancia al deporte, porque he visto simplemente en el caso de la selección de Coahuila, que ellos tienen que andar consiguiendo sus fondos para poder ir a los lugares donde van a hacer los torneos, tienen que conseguir para su transporte y ellos compran su comida…”.

–¿Cómo apoyarías a esos equipos?– Dando uniformes, que sepan que cuentan con mi apoyo, porque cuando ves que no das frutos, que te entregas al máximo, con corazón y alma y ves que no das frutos te da un poco de tristeza”.

“¡Corte!”, “¡ corte!”, vocifera Luis Ángel a quien parece que los nervios le han hecho una mala jugada cuando habla de la situación que sufren los alumnos de las escuelas públicas de Monclova, por no tener en su salón aire acondicionado.

“Los alumnos tienen que estar batallando y no pueden dar el máximo rendimiento, están más enfocados en el calor que en sus estudios”. –¿Qué harías por las familias que viven en las llamadas cartolandias de ciudades como ésta?– “Les llevaría despensa, drenaje, agua potable, luz porque la falta de luz propicia mucho el vandalismo de los jóvenes”.

Pero la seguridad advierte, Luis Ángel, va más allá y depende, en gran medida, de la confi abilidad de los cuerpos policiacos. “La cosa está grave con eso del narcotráfi co, de las extorsiones, yo sé que la Policía está un poco rendida, pero también sé que cuando se une y no se vende, puede con el narcotráfi co y sus muchos cárteles”, declara Luis y luego se pierde guante y pelota en mano al fondo del diamante.

Por una atención de primera

El respeto a los enfermos, prioritario

La silla de SEMANARIO la sorprendió caminando por una de las calles de la colonia Gobernadores, una de los zonas habitacionales donde fueron reubicadas las familias damnifi cadas por la inundación que, en abril de 2004, barrió con Villa de Fuente, en Piedras Negras.

–¿Qué tal las casas, la colonia?– “Pues se gotean, la escuela está lejos y hay bastantes robos, pero está bien”, dijo Nisa Ruiz Pérez, vecina de este sector y madre de dos hijos.

Pero para ella evidentemente el tema de la entrevista no sería Villa Fuente, a Nisa la tenía enojada otra asunto: la defi ciente atención que brinda el Seguro Social a sus miles de afi liados en este municipio.

“Si yo fuera la Gobernadora haría que atendieran bien a nuestros hijos en el Seguro Social, va uno con sus niños muy enfermos y la tienen horas esperando, se pelea la gente con las enfermeras y es peor”.

La gota que derramó el vaso de su paciencia dice, fue hace unos meses cuando su madre murió, asegura, debido a la falta de atención por parte del personal médico del Instituto. “Nos decían que no había doctores, que no la podían atender, total que rápido no atienden, será que hay mucha gente, pero si yo fuera Gobernadora haría algo para mejorar esto”.

Su madre diabética, platica Nisa, había sido internada en una clínica del IMSS en Piedras Negras, para ser sometida a una cirugía de riñón, de aquella clínica no saldría viva.

“Nosotras andábamos de tercas con el director del Seguro para que atendieran a mi mamá, cuando bajaron a mi mamá a piso los doctores nos dijeron que ya iba a morir. Mi mamá despertó de la operación y nos dijo que antes de que la anestesiaran los doctores se burlaban de ella y le decían ´así que sus hijas andan allá de bravitas, pos usted la va llevar´, y no le pusieron oxígeno”.

Horas después la madre de Nisa falleció. –¿Entonces su prioridad sería la salud?– “Especialmente, porque hay gente que sufre y se les mueren los pacientes, eso es lo que yo haría”.

Dar vida a un oasis

El encanto y la magia desaprovechados

Hace una mañana fresca y templada en el Valle de Cuatrociénegas, justo en el paraje desértico donde se halla la famosa, y acaso codiciada, Poza Azul.

A la entrada del lugar nos recibe Eduardo Cordero, guía ecoturista de este municipio próximo a declararse el segundo Pueblo Mágico de Coahuila.

“Acepto ser Gobernador, –dice Cordero– pero que sea menos de cinco minutos, porque luego me voy a seguir como los pinches políticos, que se la pasan con puras promesas y luego no cumplen nada, ¿a poco no?”.

Porque eso sí –aclara– su Gobierno sería de acciones, “la política quedaría a un lado, ahora sería trabajar de la mano con todos los coahuilenses, independientemente del partido, trabajar unidos para que Coahuila siga progresando”.

El escenario es una de las pozas de agua cristalina que han dado lustre a la tierra de Carranza, más allá un puente atirantado y un muelle completan el paisaje.

“Trabajaría por la educación, la obra pública, el deporte”, promete para la cámara de SEMANARIO Eduardo Cordero.

–¿En el área de turismo que haría?– “Darle una nueva imagen a Cuatrociénegas, no vamos a decir que se crearían nuevos lugares porque la gente viene a Cuatrociénegas a ver lo natural. Se tendría que ver la posibilidad de reabrir los lugares, siempre bajo el concepto de desarrollo sustentable. Trabajaría en el área de promoción turística. El norte de nuestro país, incluyendo Coahuila, se ha visto afectado por todo lo que se comenta sobre la inseguridad, se daría un nuevo rumbo promoviendo a Coahuila como una opción para que vengan a visitarnos”.

Y es indudable que la estrategia para combatir la violencia en las calles empieza desde el seno familiar, por eso Eduardo…

“Pugnaría porque los hogares fueran una escuela para criar jóvenes con un propósito en la vida y sobre todo con un propósito progresista”, dice y abandona la silla para ir al encuentro de un grupo de visitantes que aguardan impacientes por conocer la prodigiosa Poza Azul.

De las entrañas de Coahuila

Jugarse la vida a diario

Aquel mediodía lo vimos ascender de las profundidades de la tierra, piel y músculos de carbón. Era Manuel Pérez Torres, cuya vida de peligros ha transcurrido en las entrañas de las minas de casi toda la región.

“Aquí baja uno y no sabe si va a salir, como dice el dicho a un lado trae uno la muerte, puede ser un caído, el agua…”, afi rmó con un sentimiento parecido al aplomo, pero más fuerte que la resignación y nos tendió la mano gruesa y renegrida de tanto tumbar carbón. “Yo quedé huérfano a los siete años (…) Tenía un tío que era dueño de unos pozos en Cloete y me fui a sacar carbón con caballo.

Era un niño, tenía nueve años, ya tengo 40 en los pozos de carbón…”, dijo atropelladamente, mientras otro de sus compañeros arrimaba un bote hasta el borde para sostener la bandera que era brutalmente golpeada por el viento fi ero de Agujita.

–¿Y si fuera el Gobernador, qué ?– “Abriría áreas de trabajo, aquí mucha gente sufre porque no hay trabajo. Que hubiera más minería, porque aquí dependemos de la minería, de pozos de carbón, nosotros somos del carbón, somos mineros. Si yo fuera Gobernador habría muchas fuentes de trabajo”.

–¿Qué haría con los pocitos?–

“No cerraría los pozos de carbón porque de eso dependemos, se paran los pozos y se acaba todo. Es una tristeza que no haya trabajo aquí porque es una región muy grande y hay mucho mineral. En los pozos de carbón sí hay seguridad, nomás que es el destino que muchas veces nos toca”.

–¿Qué haría por el gremio carbonero?– “Yo daría todo por ellos, por mis compañeros que han muerto en los pozos de carbón, en las minas”, dijo Manuel y luego de despedirnos lo vimos desaparecer tras las nubes negras y espesas que manaban de una montaña de carbón recién tumbado.

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