Entre el escepticismo y la esperanza

El encuentro del presidente Calderón y el poeta Sicilia es plausible, pero insuficiente: analistas

Lucía Sánchez / Diego Guevara

El líder del movimiento Paz con Justicia y Dignidad replica a sus críticos: Dialogar no es claudicar, y al Ejecutivo federal le recuerda que la violencia tiene costos morales, pero también jurídicos. En tres meses se sabrá si existe voluntad para atender a las víctimas, o todo fue escenografía.

De haberse dado en 1968, nos hubiera ahorrado la matanza de Tlatelolco. (…)

gracias a la iniciativa del Movimiento por la Paz tal vez les dará (a las víctimas)

un nombre y un sitio en la memoria pública

Enrique Krauze, escritor e historiador

El diálogo entre integrantes del Movimiento por la Paz con Justicia y Dignidad, encabezado por el poeta Javier Sicilia, y el presidente Felipe Calderón, el 23 de junio, en el Castillo de Chapultepec, dejó un sabor agridulce.

Más allá del reconocimiento y las expectativas que generó el encuentro, la visión de los actores tuvo pocos puntos en común, aunque suficientes para crear instancias que permitan medir los alcances de la política de seguridad. No obstante, queda la sensación de que el diálogo se estancó en la superficie.

Al menos así lo confirman las declaraciones posteriores a la reunión, tanto del poeta como del presidente. Más que resaltar los avances, exhibieron aún más posturas encontradas. Sin embargo, a pesar de la “obstinación” en defender “su” responsabilidad en la lucha contra la delincuencia (cuando no era eso lo que se le cuestionaba), sin aceptar una revisión de la estrategia, el mandatario salió mejor librado.

Calderón se retiró de Chapultepec con una imagen de “obstinado”, sí, pero también de hombre fuerte, de político decidido, dispuesto a pagar los “costos morales” de su estrategia. En contraste, el poeta no sólo no pudo obtener lo mínimo que esperaba del mandatario (perdón y recapacitación), pues ahora enfrenta críticas, incluso dentro del mismo movimiento, por haberse dejado “devorar” por el sistema.

Dialogar no es claudicar, replicó Sicilia ante sus críticos, entre quienes destacan los sectores más radicales del movimiento (que piden juicio político al presidente) y aquellos que no le ven fortaleza al movimiento. La activista Isabel Miranda de Wallace declaró sin empacho que los reclamos del poeta no representan “nada nuevo”.

En esos sectores, el desencanto parece eclipsar los alcances del movimiento. Sin embargo, Sicilia logró encarar al presidente con las víctimas y propició la creación de comisiones para extraer del anonimato estadístico los “daños colaterales” (muerte de civiles, abusos de autoridad, desapariciones) y supervisar los avances del petitorio cuyos principios son paz, justicia y dignidad. Esto permitirá medir con una vara más humana, si se quiere, los costos y alcances de la lucha contra el crimen.

El poeta, que perdió a su hijo Juan Francisco a manos de la delincuencia en marzo de este año, advierte que la estrategia presidencial falla porque las finanzas del narcotráfico y otros grupos criminales permanecen intactas. Asimismo, propone debatir seriamente sobre la despenalización de las drogas y crear más mecanismos de participación ciudadana, punto en el que ambas partes están de acuerdo.

Del diálogo de Chapultepec se desprende también el compromiso de autoridades de alto nivel para “atender personalmente” demandas de familiares y víctimas de la violencia captadas por la Caravana por la Paz en su recorrido por el país. Parece poco, pero no lo es. Menos en un país donde la impunidad reproduce el delito y la justicia está al mejor postor, como el mismo presidente lo sugirió al comentar —frente a Sicilia— la liberación del empresario y político priista Jorge Hank Rhon.

Los acuerdos, aunque escasos, están sobre la mesa y en tres meses se evaluarán sus resultados. Para no perder vigor ni adeptos, el Movimiento Paz con Justicia y Dignidad tendrá que sacudirse a los agitadores y parásitos que lo infiltraron y llevar sus demandas al Congreso para convertir el discurso en leyes que cumplan sus reclamos.

Las reflexiones

Para aplacar las críticas y reflexionar sobre el alcance del diálogo, Javier Sicilia recurrió a la diálectica: “Cedimos el lugar pero ganamos voz y presencia públicas”, “Tal vez me faltó dureza, pero también con serenidad se gana”, “Yo también soy de mecha corta, pero no caí en la provocación; el que manoteó fue Calderón”, “(El presidente) aceptó cargar las culpas y su costo moral; tendrá que asumir su consecuencia jurídica”.

Sin embargo, ese no es el mejor balance. Testigos del encuentro invitados por Sicilia, historiadores, politólogos y periodistas ofrecen dintintos ángulos para medir su alcance.

Denisse Dresser celebra la disposición al diálogo, pero advierte detrás de la forma loable, persiste el fondo cuestionable, o sea que no hubo concesiones en cuanto a la estrategia. “Lo que quizás usted no entiende es que (…) no le estamos pidiendo que deje de combatir a los criminales, sino que lo haga de mejor manera. Porque quedan pendientes las preguntas: ¿dónde están las ganancias de la estrategia seguida hasta el momento? ¿Hay un solo indicador que hable de la ruta correcta? Como dijera Winston Churchill —con quien usted se identifica, le dice al presidente— ‘Por más bella que sea la estrategia, ocasionalmente hay que mirar los resultados’”.

Enrique Krauze celebra el diálogo: de haberse dado en 1968, nos hubiera ahorrado la matanza de Tlatelolco. Acepta que no nos devolverá a los cuarenta mil muertos, pero gracias a la iniciativa del Movimiento por la Paz tal vez les dará un nombre y un sitio en la memoria pública.

El autor de Siglo de caudillos apunta que del lado del Ejecutivo hizo falta autocrítica: “En estos tiempos en que los ‘hackers’ interceptan hasta la cartera de Citibank, no se entiende por qué el gobierno (que tan bien persigue a los causantes menores) ha fallado en instrumentar esa vía (la de atacar las finanzas del narco)”. En cuanto al movimiento, escribe: hizo falta una condena dirigida explícitamente a los criminales. “Sicilia evocó los acuerdos que, en ese mismo recinto, dieron fin a la guerrilla salvadoreña. Pero en el Alcázar faltaba una de las partes: nada menos que la hidra criminal de mil cabezas”.

Carmen Aristegui también pondera el diálogo, pero advierte “careció de un debate técnico de la estrategia, que reúna a expertos y permita justamente explorar otras vías, como la de atacar los circuitos financieros”. E4

Autoridades ocultan información: Fundec

Temor o complicidad

Jorge Verástegui, fundador de Fuerzas Unidas por Nuestros Desparecidos en Coahuila, critica el cerco informativo en torno a las desapariciones forzadas en la entidad. Señala que el diálogo de la ONG con el gobierno se logró sólo a raíz de las protestas, por lo que llama a perder el miedo y a movilizarse.

¿Qué balance dejó el paso de la Caravana por la Paz por Coahuila?

Hubo poca participación en Saltillo, puede ser derivado de que venía con un retraso. Otro factor fue el proceso electoral. La gente tiene miedo de salir y participar en este tipo de eventos que denuncian la incapacidad de las autoridades locales y federales en materia de seguridad. En Torreón pasó algo similar. Estuvimos Fundec, familiares de personas desaparecidas y migrantes, que también son víctimas de estas desapariciones forzadas, gente de Pasta de Conchos, la madre de una joven asesinada. De parte de víctimas y familiares hubo presencia, pero faltó la gente solidaria.

¿Qué piensa del pacto firmado en Ciudad Juárez?

Faltó cubrir algunos temas, en especial de desaparecidos. Lo incluye vagamente, no como nos hubiera gustado. Se trató la desmilitarización del país, el no diálogo con un gobierno criminal y las expresiones de algunas personas. No depende de si hay documento o no, lo importante es que la ciudadanía se empiece a movilizar y a quitar el miedo.

En un mensaje reciente, las tres diócesis de Coahuila revelan que el Cisen conoce el paradero de personas cuya desaparición fue denunciada ante la Sedena.

Se ha escuchado sobre la localización de algunas personas y el por qué de su desaparición. Desde mi punto de vista, (el Cisen) oculta información para no desestabilizar. Las desapariciones forzadas las realiza la autoridad u otras personas, con su complacencia. Aceptar que las hay y que existen datos duros, es admitir que el Estado está involucrado en prácticas de lesa humanidad.

¿Por qué el desdén del Ministerio Público?

Tengo un hermano y un sobrino desaparecidos desde el 24 enero de 2009. Los desaparecieron en Parras, y desde ese momento, como en muchos casos, empezamos a buscarlos, a tocar puertas. La primera noche vimos cómo las autoridades negaron su ayuda y actuaron en forma nebulosa. Seguimos preguntándonos ¿por qué las respuestas son tan pocas? ¿Será porque están coludidos con la delincuencia organizada, o porque no tienen interés porque los desaparecidos no son sus familiares?

¿Qué papel juegan las ONG?

Nosotros, como Fundec, somos un medio de denuncia pública para evidenciar la incompetencia del gobierno de Coahuila, que no realiza investigaciones pertinentes y tiene poco interés, por su posible colusión con la delincuencia organizada. Otro papel que jugamos es el de sensibilizar a las personas, que no se esperen a que les pase el problema para actuar. Les preguntamos “¿quién les garantiza que ustedes mismos no vayan a desaparecer?”. Tenemos un diálogo con el gobierno del estado, a raíz de la presión, que se da con protestas, marchas, plantones, pero seguimos en las mismas condiciones. Dicen que trabajan, pero no vemos resultados. Enrique Krauze celebra el diálogo: de haberse dado en 1968, nos hubiera ahorrado la matanza de Tlatelolco. Acepta que no nos devolverá a los cuarenta mil muertos, pero gracias a la iniciativa del Movimiento por la Paz tal vez les dará un nombre y un sitio en la memoria pública.

¿Los medios minimizan la violencia en el estado?

Es un hecho que en Coahuila existe un cerco informativo orquestado desde el gobierno, desde el inicio de Moreira, y lo podemos apreciar porque somos el estado con más ataques a medios de comunicación en lo que va del año. Comprendemos que a algunos les han matado reporteros, otros han recibido ataques a sus instalaciones y amenazas. Comprendemos que está en riesgo su vida y por qué se doblan ante la estrategia del gobierno, pero nos duele abrir un periódico y ver que simplemente no pasa nada en el estado, que se construyen carreteras, puentes, que se dan ayudas asistenciales, pero no hablan de los decomisos de la Marina y el Ejército. Tampoco del tema de los desparecidos ni del desempleo. Nos duele pues implicaría que la sociedad no se entera de lo que pasa, aunque, por el grado de violencia en Coahuila, los medios ya no son tan necesarios en vitud de que la violencia se acerca cada vez más nosotros y nos damos cuenta de viva voz qué es lo que ocurre.

¿La guerra contra el narcotráfico era necesaria?

El gobierno federal la necesitaba para adquirir la legitimidad que no tuvo en 2006 y que no tiene y al parecer nunca va a tener. Era necesario decir “estoy trabajando por ti”, pero después se vuelve en su contra al emplear acciones violentas, a la policía, al Ejército para combatir a los cárteles de la droga. Más que una estrategia contra la delincuencia, es una pantalla, pues el Estado mexicano tiene todos los recursos para limitar los recursos económicos de las organizaciones de la delincuencia, el Cisen tiene muy buena tecnología, y vemos que al parecer no les interesa atacar por ese lado, sino con acciones bélicas que generan más violencia. Es una pantalla lo que nos ponen, no una verdadera lucha contra los carteles. E4

Coahuila en el centro del debate

En la estructura del Movimiento por la Paz figuran bandos cuyo propósito consiste en desestabilizar al gobierno para “vengar” la llegada “ilegítima” de Calderón a la Presidencia en 2006. Uno es el grupo “No Más sangre”, creado por los cartonistas Eduardo del Río (Rius), Rafael Barajas (El Fisgón) y Antonio Helguera. Los tres califican de “absurda” la guerra contra el crimen. A ese sector se le atribuyen los puntos duros del Pacto Ciudadano firmado en Juárez el 10 de junio, como “el juicio político al presidente” y “la inmediata desmilitarización de las calles”.

Otras organizaciones, cuyo fin no es político, preceden al movimiento de Sicilia en las demandas de justicia por los efectos de la guerra contra la delincuencia, pero en él hallaron al eje que las articula. Destaca Fuerzas Unidas por Nuestros Desaparecidos en Coahuila (Fundec). Desde su creación, en diciembre del 2009, se convirtió en la primera instancia ciudadana en registrar desapariciones forzadas, que suman más de cinco mil desde 2006, según la Comisión Nacional de Derechos Humanos (CNDH). Su lema: “Vivos se los llevaron, vivos los queremos”.

Justamente, uno de los logros del diálogo Sicilia-Calderón fue la entrega —por parte de Fundec— de expedientes relacionados con 186 desapariciones sin resolver al secretario de Gobernación, Francisco Blake, y a la titular de la PGR, Marisela Morales.

El tema no estuvo exento de matices políticos. El presidente Calderón citó a Coahuila al menos en cuatro ocasiones. Dijo que las autoridades locales también son responsables de la violencia en las entidades.

“¿No le platicaron, en Torreón, las familias angustiadas, de cómo secuestran a los suyos?”. “¿Qué hacer con los comerciantes que están extorsionando en La Laguna o en Sahuayo?”. “¿Qué hacer con las familias de los secuestrados, ahorita, de Tampico, o de Durango, o de Michoacán? ¿Qué hacer con los ganaderos que están perdiendo sus ranchos en Coahuila o en Tamaulipas? ¿Qué hacer con las amas de casa que son despojadas de sus autos en Nuevo León?”, fueron algunas de sus referencias.

Señaló también la responsabilidad de las autoridades locales en las muertes de inocentes, como en los casos de “los jóvenes asesinados en los bares de Torreón y los migrantes de San Fernando, en Tamaulipas”.

“Sabemos que ahí hay un grave problema de desaparecidos, aunque para algunos en Coahuila no pasa nada”, dijo el mandatario ante Yolanda Morán, integrante de Fundec. Morán había enviado a su nieto con el presidente y le preguntó: “¿Acaso le parece un daño colateral? Es el hijo de mi hijo, que es (Dan Jeremeel Méndez) Morán y está desaparecido”.

La réplica fue inmediata. El gobernador Jorge Torres destacó la atención que brinda a Fundec, en tanto que Armando Luna Canales, asesor del presidente del PRI, Humberto Moreira, recordó a Calderón que el crecimiento de la violencia en este y otros rubros aumentó desde que él inició su mandato.

Sin embargo, el reclamo por la falta de justicia para los desparecidos no viene sólo del presidente, sino de los familiares de las víctimas, las cuales, ante la falta de respuesta de la Fiscalía General de Estado, pidieron a la PGR atraer todos los casos. E4

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