Desaparecer en Coahuila

La incertidumbre significa estar muerto en vida. Es distinta a la ignorancia; es cierto, lo que no se sabe no hace daño, pero lo que se intuye, se percibe, lo que es posible pero no probable, es como un disparo con .22, que destroza todo por dentro, pero deja incólume el cerebro, la razón, el hálito.

Inicié el esfuerzo por imaginar y escribir una novela sobre los secuestrados. Ésta se transformó en una investigación sobre los desaparecidos, que ha transido mi equivocada percepción de la realidad. El dolor es imperecedero. Transcribo el correo electrónico de María Guadalupe Fernández Martínez, madre de un desaparecido. Pronto aprendí a admirarla, a respetarla:

Le agradezco mucho toda la información que me envía, y me disculpo porque el tiempo es devastador para nosotros en la cuestión emocional.

No recuerdo si le platiqué que estamos en un grupo de “padres en duelo”, con una reunión semanal de autoayuda; en verdad nos ha ayudado mucho, somos la excepción, porque nuestro hijo está desaparecido, no muerto. Cuánta razón tienen en afirmar que si el primer año es difícil después de una muerte, el segundo es peor, y así ha sido; mi hijo, en enero, cumplió 2 años de dolorosa ausencia.

El primer año está uno en shock, y éste puede durar todos los meses; el transitar es tan doloroso, que preferimos doparnos, y nos sirve, pero en el segundo año, ya estamos viviendo y sintiendo en carne viva todo: la ineptitud de las autoridades procuradoras de justicia de los 3 órdenes de gobierno; la voz acallada a mazazos en la cabeza por las mismas autoridades, quienes insisten en afirmar que no existen tantos desaparecidos en México; la desesperanza, la fe, a veces perdida, en Dios; la impunidad, la terrible corrupción y colusión entre la delincuencia organizada y los gobiernos, que son un coto de poder impenetrable; sobre ello, la salud resquebrajada, con un sistema inmunológico débil, a expensas de cualquier enfermedad.

Además, el mes pasado fue la celebración del día del padre, y el 29 de junio otro cumpleaños de mi hijo, tendría o tiene 35 años de edad, pero mi marido y yo estamos sin ánimo para nada, sólo el necesario para no dejar de acudir a la PGR, a la SIEDO, seguir el día a día de las investigaciones, sin llevarnos a encontrar el paradero de nuestro hijo, a pesar de estar ya en la cárcel 2 ex compañeros de trabajo de Ica Fluor Daniels Monclova y otras 3 personas más implicadas en su secuestro, desde principios de marzo de 2011, gracias al compromiso de la maestra Marisela Morales, a quien empezamos a ver en diciembre de 2010.

Seguimos involucrados en las resoluciones de los jueces, a uno de ellos acudimos a verlo, se trata deRoberto Hoyos Aponte, juez sexto de Distrito con sede en Toluca, quien retiró 3 cargos a uno de los detenidos y sólo dejó uno, por presión no sé si de Ica o de sus abogados, el estar atentos a los posibles amparos, a que no quede absuelto el mejor librado, a preguntarles dónde está mi hijo y a que detengan a los que faltan.

Perdón Gregorio Ortega, este es un mensaje catártico para mí, Dios quiera que usted y su familia estén gozando de bienestar, un cordial saludo de María Guadalupe Fernández Martínez

¿Cómo puede uno condolerse? ¿Qué puede decirse? ¿Después de lo sabido, es posible creer en el discurso presidencial, en los 10 mitos de Alejandro Poiré, en la telenovela de Genaro García Luna? Las cifras son elocuentes, nadie las desmiente. El dolor está presente, nadie es capaz de aliviarlo, porque ensoberbecidos proceden a limpiar el tiradero, necesitan organizar la sucesión presidencial y suplicar, de rodillas y en peregrinación al bunker del PAN antes que a la basílica de Guadalupe, que pronto se olviden de ellos, después que tanto daño hicieron, empezando por el causado por su cómplice Elba Esther Gordillo.

La verdad pronto se sabrá y podrá constatarse, a pesar de las conciencias y las plumas compradas, que sin pensarlo les darán la espalda pare ver de frente al nuevo sol. De la crónica de La Jornada del diálogo en el alcázar, se queda en el caletre lo siguiente: “Mi nombre es Yolanda Morán, vengo de Torreón. Mi hijo desapareció hace dos años, seis meses y cuatro días, tiene 34 años y es padre de cuatro hijos. No se le puede llamar baja colateral. Es mi hijo, uno más de los 185 desaparecidos en Coahuila, ninguno rescatado y cada día desaparecen más. No se apellidan Martí, ni Wallace, ni Fernández de Cevallos, pero los amamos igual… No los den por muertos, no los busquen en fosas. Vivos se los llevaron, vivos los queremos”.

Del mismo medio impreso, rescatamos información constatable y publicada hace unos meses: “De diciembre de 2006 a diciembre de 2010, se han reportado en instalaciones militares del país 18 mil 491 levantones. Sin embargo, no se tiene confirmación de la posterior liberación o muerte de los afectados. Las autoridades civiles prácticamente no cuentan con un registro de estos casos, y únicamente las procuradurías de los estados de México, Coahuila y Morelos llevan una contabilidad de estos hechos.

“Por parte del gobierno federal no existe un registro de levantones; sin embargo, fuentes castrenses que pidieron el anonimato revelaron que en lo que va de esta administración, en instalaciones militares se avisa de estos hechos, pero son casos que solamente se contabilizan como secuestros”.

El último miércoles 13 de julio estuvo en el Distrito Federal el obispo de Saltillo, Raúl Vera López, para encabezar la peregrinación de los coahuilenses a la basílica de Guadalupe, donde después de oficiar el sacramento de la misa, concedió entrevistas a los reporteros, a quienes aseguró que el clima de inseguridad ha llegado a tales niveles en Coahuila, que las bandas de narcotraficantes reclutan a niños para que trabajen como halcones (informadores).

Indicó que a este fenómeno se suman las desapariciones forzadas y las ejecuciones en el estado que -insiste- ya se cuentan por cientos sólo en los primeros seis meses de este año, sin que se perfile alguna solución a la situación que prevalece, no sólo en esa entidad, sino en casi la mayor parte del país.

“En Coahuila, en los últimos seis meses, según el recuento de un diario de Saltillo, tenemos 300 ejecuciones. La Procuraduría General de la República (PGR), en su página web, reporta de 2006 al año pasado 654 muertes en hechos violentos en la entidad. El centro de derechos humanos de la diócesis local tiene documentadas 185 desapariciones forzadas en el estado y las autoridades han recibido 219 denuncias por ese delito”, puntualizó.

¿Será todo comprobable? ¿Puede un obispo mentir, o son Felipe Calderón y Alejandro Poiré quienes no se tientan el corazón y, con absoluto desparpajo, faltan a la verdad? La crisis en la que dejan a la nación, las autoridades federales, y en la que dejan a esa entidad federativa los hermanos Moreira, es sin parangón. Creo, a fin de cuentas, que lo iniciado por Julián Le Barón y Javier Sicilia, en realidad, apenas es una chispa de la que puede brotar fuego nuevo; obviamente el camino es largo, posiblemente sea cruento, pero si prevalecen la razón y la República, la transición pronto iniciará.

gregorioortega.wordpress.com
@OrtegaGregorio

 

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