Con una marcha en Saltillo, familiares exigen justicia al gobierno

Milenio.com

2011-08-29 | Comarca y Estados

Saltillo .- Cerca de cien familiares de desaparecidos en Coahuila realizaron ayer domingo una marcha de la Alameda Zaragoza a la Plaza de Armas, y participaron en una misa en la Catedral para exigir justicia a las autoridades, a fin de que se resuelvan más de 200 casos de desaparecidos en la entidad en los últimos tres años.

Los manifestantes, afiliados al FUUNDEC, se concentraron en la Alameda Ignacio Zaragoza, donde partieron en columna por la calle de Aldama, luego Allende, voltearon por Abbot, hasta llegar a la Plaza de Armas, frente a Catedral.

Con pancartas de protesta en mano y las fotografías de sus familiares desaparecidos se manifestaron por más de una hora y media en la Plaza de Armas. Como en otras ocasiones, colocaron en el piso de la plaza con veladoras las fotos de todos y cada uno de sus desaparecidos.

“Vivos se los llevaron y vivos los queremos de regreso”, gritaba un grupo de manifestantes durante la marcha denominada “Por la Paz , Justicia y Dignidad”.

El Padre Pedro Pantoja Arreola, asesor de “Belén, Casa del Migrante” en Saltillo, dijo que además esta marcha y protesta es para apoyar el “Movimiento de Paz, Justicia y Dignidad”, que a nivel nacional realiza el poeta y escritor Javier Sicilia.

Antes a las 12:00 horas, los familiares de los desaparecidos asistieron a una misa en Catedral, oficiada por el Padre Pedro Pantoja, donde oraron por los desaparecidos, en el marco de la celebración del “Día Internacional del Desaparecido”.

En la misa hicieron uso de la palabra algunas personas para narrar la odisea de sus desaparecidos y clamar justicia a la Fiscalía y a la PGR para localizarlos.

Por ejemplo, la señora Lourdes Herrera dijo que su esposo Esteban Acosta Rodríguez y su hijo Antonio Esteban Acosta Herrera, de tan sólo 8 años de edad, junto con sus cuñados Gerardo y Gualberto Acosta, desaparecieron el 29 de agosto de 2009, cuando los dos primeros fueron a encaminar a los dos últimos al aeropuerto de Ramos Arizpe, para regresar a Los Ángeles, donde trabajaban desde hace varios años.

Dijo que desde ese día su vida cambió totalmente y sólo se aferra a la vida por cuidar a su otra pequeña hija: “Sin perder la fe, espero a mi hijo todos los días, desde que desapareció con mi esposo.

Ahora pido a Dios que me los regrese con vida”.

 

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