Doscientos desaparecidos en Coahuila; Parece que se los tragó la tierra

 Lucía Sánchez

Pocos imaginaban que el Día Internacional del Desaparecido tendría tanta relevancia en Coahuila, pues hasta hace unos años las desapariciones forzadas no representaban un problema grave en la entidad. Sin embargo, la situación cambió con el inicio de la cruzada contra la delincuencia organizada que la administración del presidente Felipe Calderón lanzó en 2007.

El nuevo fenómeno, que afecta a la mayoría de las entidades del país, ha superado al aparato de seguridad del Estado, que apenas empieza a entender su gravedad. Así lo expresa Blanca Martínez, directora del Centro de Derechos Humanos Fray Juan Larios y dirigente de Fuerzas Unidas por Nuestros Desaparecidos y Desaparecidas en Coahuila (Fundec), que el 28 de agosto organizó una misa y una marcha por el centro de Saltillo con motivo del Día Internacional del Desaparecido (30 de agosto).

Martínez atribuye el escaso avance en las investigaciones no sólo a la falta de preparación y coordinación entre las fuerzas de seguridad, sino a la escasa voluntad política. Las autoridades se niegan a aceptar las recomendaciones de organismos internacionales. “Tuvimos una reunión con el secretario de Gobernación (José Blake Mora) en México y con la PGR, y se les planteó (…) que acepten las recomendaciones preliminares de Naciones Unidas. (…). Nos dijeron que ellos no coincidían en el término de desaparición forzada (…). Lo único que nos ofrecieron fue un fiscal (…) pero no vemos la voluntad política para poder atender la dimensión del problema”, dice.

La activista sabe de lo que habla. Fundec asiste a personas que han vencido lo que ellos llaman “la gran barrera del miedo”: primero, para hablar del tema; luego, para denunciar; y más tarde, ante la falta de respuesta en diversas instancias, para acercarse a la institución y unir fuerzas en la búsqueda de sus familiares.

“En la PGR dicen que es problema del fuero común (…) no federal. La Fiscalía dice que la principal línea de investigación es la delincuencia organizada, por lo tanto son delitos que competen al fuero federal. Entonces (…) los traen de un fuero a otro. Hay un deslinde de responsabilidad en la tarea de búsqueda. Lo que nosotros pedimos es coordinación”.

Ya sea por el ánimo de denunciar o el recrudecimiento de la violencia, en Coahuila el número de desaparecidos se disparó en el último año: de veinte casos, en diciembre de 2009, a casi doscientos a la fecha. Las pocas pistas que hay sobre las víctimas las recaban sus familiares, porque acuden al lugar de los hechos y realizan investigaciones independientes.

Ante los escasos resultados de la justicia, Martínez demanda una política de Estado: “Creemos que esto no se resuelve solamente con acción y recursos particulares de las procuradurías estatales, estamos hablando de un problema nacional que implica una política de Estado, no una aplicación administrativa de la justicia. La gente va a la PGR a ver el expediente de su desaparecido y no hay información suficiente; y la poca que hay, que pudiera complementarse con la de la Fiscalía, no se comparte”.

¿De cuántos desparecidos hablamos?

A la fecha hay ciento noventa y cuatro desaparecidos en Coahuila. El incremento es alto, se inició con veinte personas, en diciembre de 2009, y no ha disminuido para nada. Nosotros contamos con ciento sesenta familias involucradas, algunas de las cuales registran hasta cuatro desapariciones.

¿Cuál es la actitud de las familias que se acercan a Fundec?

La postura de las familias, cuando ocurre una desaparición, es de mucho miedo de acercarse tanto a las autoridades, como a una institución que pueda ayudarlas. Cuando se acercan al Centro de Derechos Humanos o a Fundec dan un primer paso para hablar de lo que les pasa, o si quieren organizarse con el movimiento e impulsar acciones colectivas a favor de la justicia; y sobre todo, buscar a los desaparecidos. Hay más fuerza en la unión, aunque las autoridades tratan de jalar individualmente, no en grupo. La principal demanda que tenemos es una estrategia de búsqueda.

Desgraciadamente, el año pasado se localizaron los restos de dos ciudadanos saltillenses en Tamaulipas. El dato que tenemos es que habían desaparecido en ese estado. Hace como tres meses ubicaron a tres estudiantes de la UA de C que habían desaparecido hacía una semana. Los hallaron vivos en un operativo. Es importante que se hayan localizado, pero la lista aumenta.

¿Cuáles son las características de las desapariciones?

Las estadísticas que tenemos en Coahuila apuntan a que la mayoría de las personas desaparecen en colectivo, son originarias de otros estados y estaban en tránsito por aquí, fundamentalmente por cuestiones de trabajo. No se pueden tipificar como migrantes, porque venían a negocios específicos.

Uno de los casos que denunciamos es la desaparición de doce vendedores de pintura que desparecieron en marzo de 2009. Tenemos un patrón similar de desapariciones colectivas, aproximadamente sesenta por ciento son personas que transitaban con placas de otros estados. Ahí tenemos una hipótesis que hemos pedido a la Fiscalía investigar: que los grupos delincuenciales de esta región, que están cuidando la plaza, estén confundiendo a gente de tránsito como personas de otra organización criminal.

Estamos hablando de desaparición forzada, no de secuestro, en éste hay pistas o rastros en el acto mismo de llevarse a la gente y hacer contacto con las familias, hay pruebas de vida, rastreo de las personas. Sin embargo, de la desaparición forzada no tenemos mucha información. Las mismas autoridades han dicho que parece que se los tragó la tierra, pero es un discurso común. Los pocos testigos que había en el momento de la desaparición no hablan por temor. Muchos de los datos que las familias han conseguido es porque han ido a la zona donde desaparecieron, hablan con gente, y ahí han ido sacando pistas. Pero, desgraciadamente, no tenemos sobrevivientes que puedan dar un testimonio certero del momento de la desaparición.

¿Cómo actúan las autoridades?

En la PGR nos dicen que son delitos del fuero común, no federal. La Fiscalía dice que la principal línea de investigación es la delincuencia organizada; por lo tanto, son delitos que competen al fuero federal. Entonces el patrón, en términos de acceso a la justicia, es que nos traen de un fuero a otro y nadie dice nada. Hay un deslinde de responsabilidad en lo que implica la tarea de búsqueda, ni la Fiscalía ni la PGR actúan. Lo que nosotros pedimos es que haya coordinación, vemos que el problema es muy serio y está pasando a nivel nacional, según nos comentan familias de otros estados.

Creemos que esto no se resuelve solamente con acción y recursos particulares de las procuradurías estatales, estamos hablando de un problema nacional que implica una política de Estado, no una aplicación administrativa de la justicia. La gente va a la PGR a ver el expediente de su desaparecido y no hay información suficiente, y la poca que hay, que pudiera complementarse con la de la Fiscalía, no se comparte. Los pocos elementos que pueden tener cada dependencia están cada uno en su cajón, y no se integran. Se supone que ahora sí se hará.

¿Quiénes son los responsables de las desapariciones forzadas?

Hay diferentes niveles. Ciertamente, aquí, quien comente la mayoría los delitos directos, es la delincuencia organizada. Tenemos otros ejemplos donde hay participación comprobada de policías municipales, incluso existe un caso donde nueve policías municipales están involucrados en la desaparición de cuatro personas, en junio de 2009, en Francisco I. Madero. Están detenidos, pero no dan pistas que lleven a encontrar a las víctimas. Hay casos donde están involucrados elementos del Ejército como perpetradores directos.

Ya en términos de derechos humanos, sin quitarles responsabilidad a los actores particulares, la obligación fundamental se centra en el Estado. Los gobiernos federal y estatal tienen la responsabilidad de garantizar la seguridad, la vida, los derechos fundamentales a los ciudadanos. En la medida que no los garantizan, en que con su acción o inacción posibilitan que grupos como éstos estén funcionando, implica responsabilidad, no sólo en términos de derecho interno, sino a nivel de derecho internacional. La delincuencia organizada ha crecido porque se le ha permitido. Nosotros no podemos ir con la delincuencia organizada a pedir que no nos maten, es el gobierno quien debe garantizar la seguridad.

A nivel internacional se ejerce una presión muy grande sobre Coahuila. En abril estuvo el grupo de trabajo de personas desaparecidas de la ONU y en julio nos visitó Amnistía Internacional. Aunque es una presión muy fuerte, las autoridades sólo han mejorado ciertos organismos internos de trabajo, se creó la Fiscalía para Desaparecidos, pero los pocos avances no han dado los resultados que queremos.

¿Qué se requiere para que las investigaciones den resultados?

El 29 de julio tuvimos una reunión con el secretario de Gobernación (José Francisco Blake Mora) en México y con la PGR, y se les plantearon siete demandas como familiares de desaparecidos. El primer punto es la creación inmediata de un programa de búsqueda urgente. Tendría que contemplar un censo nacional sobre los desaparecidos, homologar protocolos de investigación, la atracción de los casos por parte de la fiscalía a nivel nacional, la definición de un programa de atención a familiares de desaparecidos, porque normalmente los mandan con el tanatólogo. Se les debe garantizar cuatro derechos: al trabajo, a la salud, a la educación y a la vivienda, mientras encuentran a su desaparecido. La última demanda es que acepten las recomendaciones preliminares del grupo de trabajo de Naciones Unidas, pero a ninguno de los puntos nos dijeron que sí. Lo que respondieron es que ellos no coincidían con nosotros en el concepto de desaparición forzada, que es el término de la Convención Internacional de Naciones Unidas. A todo dijeron “está por verse”. Lo único que nos ofrecieron fue un fiscal, y estamos tratando de colocar la demanda a un nivel de fiscalía general especializada, pero no vemos voluntad política para atender la dimensión del problema. E4

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