Desaparecidos

Vanguardia

Heriberto Medina

La vida cotidiana se empeña en mostrar a México como un país en guerra. Uno de los fragmentos de realidad que comprueban esta tesis es la desaparición de personas.

Encontrar estadísticas sobre este fenómeno social es tan difícil como localizar a los desaparecidos; existen datos relacionados y números aislados de diferentes entidades federativas, sin embargo, no se cuenta con un registro oficial.

La Comisión Nacional de Derechos Humanos, hasta abril de 2011, registró 5 mil 397 personas extraviadas o ausentes, conceptos que la propia Comisión diferencia de los desaparecidos bajo el argumento de que, en algunos casos, las personas por voluntad propia escapan de sus hogares. Existe un agujero negro en la estadística: del total de ausentes se desconoce el número de personas que fueron privadas de su libertad por la fuerza. La propia CNDH registra 8 mil 898 fallecidos sin identificar; otro dato engañoso, pues no se establece cuántas fueron víctimas de la inseguridad.

La Comisión Nacional de Derechos Humanos sí utiliza el término desaparecidos en sus informes especiales, pero en el caso de los extranjeros. Según sus datos, 11 mil 333 migrantes fueron secuestrados, de abril a septiembre de 2010, en solo seis meses.

En lo que sí se encuentra consenso es en determinar las zonas del país con más casos de extraviados. Los resultados no son alentadores. Coahuila es considerado uno de los estados de mayor riesgo. La agrupación Fuerzas Unidas por Nuestros Desaparecidos en Coahuila (Fuundec), registra una evolución a la alza. En el 2009 fueron 21 casos, 83 en 2010 y 120 en 2011, es decir, en tres años el incremento fue de un 500 por ciento. De acuerdo con esa tendencia, para el 2012 se podría esperar que se registraran entre 200 y 220 casos más.

Fuundec registra en total 224 casos en Coahuila, sin embargo, existen otros casos no denunciados; la estimación oficial es que en Coahuila se podrían haber presentado ya cerca de mil personas privadas de la libertad.

Aun cuando el léxico oficial mimetiza el fenómeno del secuestro al relacionar el término desaparecidos con extraviados y ausentes, el ciudadano de a pie lo define en una palabra: “levantados”, y la voz del pueblo está muy cerca de la realidad. “Levantados” y “levantones” nos remite a la “leva”, que el diccionario de la Real Académica de la Lengua Española define como tomar gente para la guerra. Es obvio: el incremento en las desapariciones está relacionado con la escalada de violencia y no sería extraño que en algunos casos los desaparecidos hayan sido forzados a participar en la guerra como parte de algún grupo delictivo, o bien asesinados al negarse. En otros casos seguramente fueron secuestros derivados en homicidios y en algunos otros podría ser trata de personas. Las tres vertientes están relacionadas con la inseguridad.

El panorama general es desolador: nos muestra un país fragmentado, en guerra y nos remite a un mismo origen. Disminuir las desapariciones atraviesa forzosamente por frenar la inseguridad, por disminuir la fuerza y el poder de acción de la delincuencia organizada. El camino se antoja largo; tal vez sea como pensaba Pancho Villa: no hay revolución que aguante más de 10 años.

hmedinaf3@gmail.com

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