Homilía de Fray Raúl Vera, O.P., Obispo de Saltillo 2-sep-12

Diocesis de Saltillo

Las y los seguidores de Jesús debemos honrarlo con los labios, pero teniendo el corazón cerca de Él

Homilía de Fray Raúl Vera, O.P., Obispo de Saltillo

Saltillo, Coah., 2 de septiembre de 2012

“Del corazón de los hombres salen las intenciones malas:
fornicaciones, robos, asesinatos, adulterios, codicias,
maldades, fraude, libertinaje, envidia, injuria, insolencia,
frivolidad. Todas estas perversidades salen de dentro y
contaminan al hombre” (Mc 7,21-23).

Nuevamente este domingo, la palabra de Dios que es “viva y eficaz como espada de doble filo” (Cfr. Heb 4,12) penetra nuestra mente y nuestro corazón, para iluminar nuestra conciencia ciudadana, y juzgar conforme a ella, lo que en este momento sucede en México, para que seamos consecuentes y actuemos con honestidad por el bien y la paz en nuestra patria.

El mensaje que escuchamos en la primera lectura, está tomada del libro del Deuteronomio; en este libro se conserva una colección de discursos atribuidos a Moisés, y en ellos existen constantes exhortaciones al pueblo de Israel, para que mantengan su fidelidad a las enseñanzas que recibieron de parte de Dios por medio de Moisés, en orden a organizar la vida del pueblo, no solamente mientras caminaron en el desierto, sino cuando se instalarían en la Tierra Prometida.

En la lectura que se nos ha proclamado hace un momento, Moisés hace clara referencia a la vida de Israel como pueblo organizado y articulado en base a leyes justas y sabias que Dios les dio por medio del mismo Moisés. Por ello él, refiriéndose a los mandatos contenidos en su Ley, les dice: “Guárdenlos y practíquenlos, porque ellos son su sabiduría y su inteligencia a los ojos de los pueblos que, cuando tengan noticia de todos estos preceptos, dirán: ‘Cierto que esta gran nación es un pueblo sabio e inteligente’… Y ¿cuál es la gran nación cuyos preceptos y normas sean tan justos como toda esta Ley que yo les expongo hoy?”.

En esta primera lectura aprendemos de la palabra de Dios, la importancia que tiene el que un pueblo esté articulado en leyes justas, que le garanticen una convivencia en la paz y en el respeto mutuo. Los profetas continuamente estarán reclamando al pueblo, y en manera particular también a las autoridades políticas y religiosas, el cumplimiento de esa Ley, cuyo cometido es el establecimiento de la Justicia y el Derecho. Y anunciaron que será precisamente esto último, la tarea que en modo preponderante desempeñaría el Mesías. (Cfr. Is 42,1-6)

Santiago Apóstol, en el fragmento de su carta que se nos proclamó como segunda lectura de la Palabra de Dios en esta misa, nos dice con toda claridad que hemos sido engendrados como discípulos de Cristo, porque su Palabra ha sido sembrada en nuestros corazones. El término “engendrar” que utiliza el apóstol, hace referencia, por una parte, al prólogo del Evangelio de San Juan que afirma que quienes reciben a Jesús, la Palabra hecha carne, llegan a ser hijos de Dios, no porque sean engendrados por “deseo de hombre ni por deseo de carne”, sino que nacen de Dios (Cfr. Jn 1,12-13); y por otra parte, también hace referencia a la oración de Jesús en la última cena, cuando Él, aludiendo a los Apóstoles y a todas las personas que lo seguirían por medio de la predicación del Evangelio, dijo a su Padre celestial: “Por ellos me consagro a mí mismo, para que ellos te queden consagrados en la verdad” (Jn 17,19). Santiago Apóstol en su carta nos recuerda a nosotras y nosotros, los seguidores de Jesús, nuestra consagración a la verdad que viene de Dios, por medio de la muerte y la resurrección de Cristo.

Santiago nos invita a poner en práctica esa palabra de Verdad sembrada en cada una de nosotras y nosotros, para que no nos reduzcamos solamente a escucharla, pues la auténtica religión consiste en ayudar a las viudas y a los huérfanos, y a no manchar nuestras manos, haciéndonos cómplices con la corrupción incrustada en la sociedad. (Cf. St 1,22.27)

La Palabra de Jesús en el Evangelio ilumina de un modo especial nuestras conciencias el día de hoy, para que hacernos distinguir claramente la corrupción que en estos momentos caracteriza nuestra situación política, y no hacernos cómplices de la superficialidad con la que se le pretende justificar.

Jesús, ante una crítica dirigida a sus discípulos cuando comían los alimentos con manos impuras, desenmascara la superficialidad de las autoridades judías, que habían dado importancia a tradiciones humanas, a través de las que ellos, los encargados de aplicar la Ley, simulaban hacerla cumplir, mientras obstruían el auténtico sentido de la justicia y el derecho, para salvar intereses ajenos al bien de la comunidad social, pero que favorecían a los pequeños grupos que estaban en el poder religioso y político.

Como hemos escuchado, Jesús utiliza un oráculo del profeta Isaías para desenmascararlos: “Bien profetizó Isaías de ustedes, hipócritas, según está escrito: ‘Este pueblo me honra con los labios, pero su corazón está lejos de mí. En vano me rinden culto, ya que enseñan doctrinas que son preceptos de hombres’. Dejando a un lado el precepto de Dios, se aferran a la tradición de los hombres” (Mc 7,7-8; Cfr. Is 29,13).

En efecto, lo de lavar las manos hasta el codo antes de comer, purificar copas, jarros y bandejas, son mandatos que forman parte de la “ley de la pureza”, que las autoridades le agregaron a la Ley que recibieron de Moisés. A esta ley de la pureza, que establecía solamente ritos externos y superficiales, y no lo profundo de la justicia y el derecho, era a la que los fariseos y escribas le daban más importancia, y no a la responsabilidad ética y moral contenidas en la auténtica Ley.

Los principios éticos de la ley, son a lo que el apóstol Santiago considera como la verdadera religión, que es el preocuparse de las viudas y de los huérfanos. (En la tradición profética para hablar de los pobres, se mencionaba especialmente a viudas y huérfanos –mujeres y menores- que se convirtieron en figuras representativas de todos los demás grupos de personas excluidas).

¿Cómo les desbarata Jesucristo sus argumentos superficiales a los escribas (expertos de la Ley) y a los fariseos? Haciendo referencia a la verdadera pureza que interesa a la Ley de Moisés, que es la responsabilidad ética, la rectitud moral en el comportamiento de las y los ciudadanos y en el funcionamiento de las instituciones de la sociedad. Solamente de esta manera se pueden garantizar la justicia y el derecho, que favorecen la paz social y la vida digna a toda ciudadana y a todo ciudadano.

Veamos directamente en el Evangelio los argumentos de Jesús: Llamó otra vez a la gente y les dijo: “Óiganme    todos y entiendan. Nada hay fuera del hombre que, entrando en él, pueda contaminarle; sino lo que sale del hombre, eso es lo que contamina al hombre. Porque de dentro, del corazón de los hombres, salen las intenciones malas: fornicaciones, robos, asesinatos, adulterios, avaricias, maldades, fraude, libertinaje, envidia, injuria, insolencia, insensatez. Todas estas perversidades salen de dentro y contaminan al hombre” (Mc 7,14-15.21-23).

Así sigue pasando con nuestro proceso electoral, la Ley en su sentido profundo, por lo que a las elecciones se refiere, en la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos, en el Art. 41 dice:

LA RENOVACIÓN DE LOS PODERES LEGISLATIVO Y EJECUTIVO SE REALIZARÁ MEDIANTE ELECCIONES LIBRES, AUTÉNTICAS Y PERIÓDICAS.

Comparativamente, para juzgar correctamente las cosas que se están haciendo en México, con respecto al proceso electoral, tenemos que poner en claro lo que es nuclear en unas elecciones, y los aditamentos con los que se está vaciando de sus contenidos éticos y morales, al proceso electoral.

Cuando se realizaron las votaciones, muchos dijimos que al día de las elecciones se llegó a cumplir un ritual; elecciones que las instancias u organismos “autónomos” encargadas de ello, cuidaron exteriormente, porque no se siguió el asunto del dinero con el que se estuvieron apoyando las campañas. Previamente hubo denuncias de alteraciones graves a los procesos de campaña, se dieron pruebas documentadas de cómo se confeccionaron las campañas electorales violando los aspectos éticos, que es lo que Jesús señala hoy en el Evangelio, lo que pervierte a las personas y que convierte en perversos sus actos; acciones que sumadas dentro de un sistema político, con la colaboración perversa de muchas personas, recibe el término de corrupción.

Esta corrupción previa en la venta del voto, que se manifestó en la invasión de los supermercados a los que se les agotó la mercancía, por la cantidad de tarjetas que se repartieron, no importaron a quienes supervisaron las elecciones como un ritual, para el que no hubo normas éticas que hay que cuidar, y principios que garantizaran la autenticidad y libertad del proceso electoral.

El mismo proceso ritual siguieron las autoridades que calificaron la elección, para el que no hay normas éticas ni frenos morales, pues no les impresionó para nada la multitud de denuncias del recorrido del dinero, siguiendo los circuitos clásicos del lavado que utiliza el crimen organizado, ni las fachadas de empresas fantasma, ni los prestanombres, etc.,. El ritual de la falsa legalidad, establecida para un proceso llevado con regularidad, sin sospechas del tamaño que las tiene este proceso -porque se trata de compromisos criminales, que tendrán sus resultados-, sirvió para justificar una calificación legal, a un proceso con fundadas sospechas de estar más que comprometido con dinero sucio.

Esta superficialidad es la que el Evangelio de Jesús condena, porque tiene resultados destructivos para la vida humana. Los vicios que Jesús denuncia y que brotan de la perversidad humana, anuncian todo lo que ya vivimos en grado muy alto en este país, y que en lugar de disminuir, esta violencia exacerbada que vivimos en estos días intermedios al cambio de régimen, son un presagio terrible de lo que nos queda por recorrer en el próximo sexenio.

Hace 6 años entramos a un periodo presidencial con un régimen descalificado, con enormes sospechas de un fraude y, por lo tanto, con poca legitimidad moral. Este régimen termina ahora, haciendo lo mismo que hizo el régimen que lo precedió a él, darle a quienes los suceden una calificación de legalidad mucho muy inconsistente. Pasamos en México de un régimen corrupto que legitima la corrupción de un proceso electoral, para que entre a gobernarnos otro régimen que ingresa con baja, muy baja legitimidad.

¿Cómo se va del escenario un gobierno que hoy omite todas las irregularidades denunciadas por múltiples actores sociales en este proceso electoral? Sale con cerca de 100,000 cadáveres esparcidos por todo el territorio nacional, decenas de fosas clandestinas, cerca de 40,000 desapariciones forzadas, 200,000 desplazados, encarecimiento de los alimentos, fuga de capitales del país, venta de empresas mexicanas a capital extranjero, etc. Esos son los frutos de quienes se sirven de la corrupción para gobernar, y no podemos seguir aceptando que la perpetúen.

Los discípulos de Jesús tenemos que trabajar mucho para que se restablezcan en México el derecho y la justicia que nos conducen a la paz. Tenemos que empezar por remover la superficial y acomodaticia legalidad, que establece deliberadamente caminos torcidos en el tratamiento de lo jurídico y administrativo, por medio de organismos como el IFE y el TRIFE, para que se perpetúen en nuestro país la injusticia y la corrupción, que terminan por inclinar todo a favor de quienes siguen repitiéndose y reciclándose en el poder.

Que la oración a Dios y la confianza puesta en él, contando con la poderosa intercesión de Nuestra Señora de Guadalupe, acompañen el caminar que muchos mexicanos y muchas mexicanas que están emprendiendo el camino para recuperar la paz y la fraternidad en México.

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