Maternidad y ficción

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Isabel se levanta todas las mañanas y deja el desayuno listo con la colación repartida en las dos loncheras, para después despertar a las niñas y alistarlas para la escuela. No tiene ya la fuerza que tenía cuando cuidó a sus propios hijos, y eso que eran ocho. Ahora sólo se hace cargo de una niña de ocho años y otra que está por cumplir seis. Pero la energía de una madre no es la misma que la de una abuela. Lleva dos años sustituyendo las tareas que hacía su hija. Entiende con claridad que lo único que puede reemplazar son algunas de sus labores, porque Julieta, su hija, la madre de sus dos nietas, es insustituible.

Julieta desapareció una tarde en la ciudad de Torreón hace más de dos años. Salió de trabajar de una oficina de gobierno, pasadas las seis de la tarde y nadie ha vuelto a verla. Isabel mantiene viva la esperanza de que su hija vuelva, y cada día que pasa, siente que se acerca más el momento de reencontrarse con ella. Pero hay momentos críticos en los que pierde el rumbo y siente que cada hora que avanza el reloj la aleja más de esa posibilidad. Su ánimo se mueve ondeante y oculto tras la fachada de un semblante sereno, con el que finge frente a sus nietas que todo está bajo control.

Karina y Myrna saben por voz de su abuela que su mamá está de viaje trabajando en Chicago. Desde ahí reciben noticias todos los días en una página de facebook que lleva una foto de Julieta muy seria con lentes rojos y saco formal. Es la misma foto que tiene su abuela colgada en la pared de salón de tele. Ya que tienen el uniforme puesto y están bien peinadas, Isabel enciende la computadora y abre la pestaña de mensajes que han llegado a su correo. No hay excepciones, todas las mañanas las niñas encuentran una nota en la que su madre les escribe sobre sus experiencias en su nuevo trabajo y sus dificultades para comunicarse en inglés. Para que esos mensajes amanezcan oportunos, Isabel espera a que las niñas estén profundamente dormidas y los escribe en completo silencio. Cada vez que da “enter” al envío, siente la ráfaga de una culpa que la sacude porque está firmando como si fuera su propia hija. Sin embargo, esa incómoda sensación de impostora se despeja cuando ve en las caras de las niñas la certeza de que su madre está viva, sana y trabajando para que ellas vayan a la escuela todos los días. 

Las autoridades de Coahuila no tienen rastro de Julieta. En dos años se han dado un par de vueltas por casa de Isabel para preguntarle si es que ella ha tenido alguna noticia de su hija desaparecida.

Hace tres meses Isabel encontró en Internet un par de organizaciones sociales que asesoran a los familiares de los desaparecidos. Y apenas hace dos días, en una sesión grupal, se atrevió a confesar su historia. Cuando sus compañeros preguntaron que cuando se animaría a contarles la verdad a sus nietas, Isabel se comprometió a hacerlo pronto, aunque no sabe cómo evitarles el dolor de la pérdida acompañado de la maldita incertidumbre. Si Isabel pudiera asegurar que Julieta ha muerto o que se ha ido para nunca volver, la historia tendría algún sentido, pero no hay paradero, no hay huellas, no hay explicación.

Supongamos que esta historia es ficción, que no hay en ella nada que pueda parecer verídico. Tendríamos que vivir en un país aterrador, con un sistema de justicia tan ineficiente como inhumano, con una sociedad tan indiferente como complaciente con las desapariciones. Supongamos…

Isabel no sería la única abuela haciendo el papel de una madre ficticia. El jueves pasado, decenas de mujeres de la asociación Fuerzas Unidas por Nuestros Desaparecidos en Coahuila –Fuundec- realizaron ventas de pan, a fuera de la iglesia de San Judas Tadeo, en protesta por las desapariciones de sus hijos, para juntar algo de dinero y emprender un viaje hacia el Distrito Federal, para participar en la Segunda Marcha de la Dignidad. Una comitiva de 48 personas saldrá el jueves 9 de mayo de Torreón hacia la ciudad de Saltillo, donde se integrarán otras familias que formarán un centenar de manifestantes de Coahuila.

Fuundec está conformado por 300 familias que a la fecha no han recuperado a un solo desaparecido. Cada dos meses se reúnen los familiares con el gobernador Ru ben Moreira, pero los resultados son nulos y la frustración se incrementa. Y aunque sostuvieron ya una primera reunión con el Secretario de Gobernación, Miguel Ángel Osorio Chong y con el titular de la Procuraduría General de la República, Jesús Murillo Karam, no hay avances. Únicamente se les solicitó paciencia para instalar un protocolo de búsqueda de desaparecidos articulado entre gobierno federal y gobiernos locales.

Son tantos los casos de desaparecidos en Coahuila que la asociación Fundec ya no tiene capacidad para apoyar a todos con los procesos legales, así que hay varios en lista de espera y otros tantos que sólo reciben asesoría. La respuesta del gobierno local y federal debería acelerarse y además presentar un plan emergente que evite a toda costa la desaparición de una persona más en el Estado, pero su reacción y compromiso hasta ahora son sólo un producto de ficción.

Twitter: @maiteazuela

Fuente: http://www.lasillarota.com/component/k2/item/67042-maternidad-y-ficci%C3%B3n

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