Buscando a su hijo halla la muerte

Vanguardia

Alma Solís murió buscando a su hijo Juan Antonio Ornelas Solís, desaparecido el 9 de abril de 2009

POR: FRANCISCO RODRÍGUEZ sábado, 04 de enero del 2014

Amor de madre. Por 4 años Alma Solís buscó a su hijo desaparecido en 2009. Foto: Vanguardia-Francisco Rodríguez

Amor de madre. Por 4 años Alma Solís buscó a su hijo desaparecido en 2009. Foto: Vanguardia-Francisco Rodríguez

Torreón, Coahuila.- Alma Solís murió buscando a su hijo Juan Antonio Ornelas Solís, desaparecido el 9 de abril de 2009. El 20 de diciembre de 2013 —más de 4 años después de la desaparición— su esfuerzo sació. El dolor la venció.

En abril de 2013, contaron madres de Fuerzas Unidas por Nuestros Desaparecidos en Coahuila (Fuundec) en Torreón, autoridades le dijeron que su hijo estaba muerto. Alma cayó en depresión.

“Yo la vi salir en la PGR. Salió mal y desde entonces se fue para bajo”, contó Luz Elena Montalvo, madre de Daniel, otro de los desaparecidos en Coahuila.

Alma insistió en buscarlo. Nunca se lo confirmaron, nunca le mostraron una foto de su cuerpo, nunca le entregaron el cuerpo, nunca lo pudo ver. Viajó a la segunda caravana por la dignidad de madres en busca de sus desaparecidos; acudió a cada protesta y marcha; a cada reunión con las autoridades. 

Hasta que en diciembre pasado, en otra reunión con autoridades, Alma salió destrozada. Nadie sabe qué le dijeron. “Se doblegó. La vencieron. Se dejó caer. Tenía diabetes y se enfermó”, relató Luz Elena.

Alma solía soñar que regresaban todos los desaparecidos y Juan, su Juanito, estaba al frente y le gritaba ¡Madre! Ella no tenía fuerzas para responderle en el sueño, pero en la realidad recorría las calles exigiendo que le devolvieran a su hijo, visitaba procuradurías, deambulaba en oficinas de Gobierno y se subía a autobuses para gritar que vivo quería a Juan. En casa, solía tomar la ropa de su hijo y olerla, cambiarla de lugar. Le compraba el jamón que gustaba para cuando volviera.

Juan tenía 24 años cuando desapareció. Estaba casado y tenía una nena. Su esposa e hija se habían mudado a Sonora y su madre Alma siempre lo esperó con la ventana abierta para poder escuchar el grito de ¡madre! cuando llegara. Nunca lo oyó.

“Nos estamos desgastando de tanto dolor”, se quejó Romanita Ortiz, 65 años, madre de Pedro Ramírez Ortiz y abuela de Armando Salas Ramírez, desaparecidos hace más de 4 años en Torreón.

Así es este juego, dijo Luz Elena; “es de resistencia”, resumió la madre. “Pero cómo poner esa coraza para que no te tumben”, se preguntó.

Ángeles Mendieta, madre del desaparecido Iván Baruch, insistió en que las familias cada vez están más deterioradas por la búsqueda incesante. “¿Cuál es la intención, terminar con una poco a poco?”, cuestionó.

Fuente: http://www.vanguardia.com.mx/buscandoasuhijohallalamuerte-1916512.html

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